martes, noviembre 06, 2007

88.- José Antonio Gurriarán

José Antonio Gurriarán es un periodista de 68 años. Su currículo es extenso y en él destaca una fecha por encima del resto. El 30 de diciembre de 1980. Ese día José Antonio salió de la redacción del diario "El Pueblo" y entró en una cabina telefónica para hablar con su mujer. El plan era ir al cine a ver una película de Woody Allen y luego ir a cenar a un restaurante. Se acercaba el fin de año y en la Gran Vía madrileña los escaparates refulgían. Cuando José Antonio descolgó el auricular un estruendo se apoderó del tiempo. Dos bombas habían explotado en las cercanas sedes de las compañías aéreas Swissair y TWA. No murió nadie. Pero entre los 9 heridos se encontraba José Antonio, que poco después viajaba en una ambulancia camino del Hospital Clínico con la vida en cuarentena.
Nuestro protagonista salió con vida del trance. Aquellas dos bombas las habían colocado miembros de un grupo terrorista que se hacía llamar 3 de Octubre, una facción del Ejército Secreto para la Liberación de Armenia. ¿Bombas armenias en Madrid? Sí, eran los años 80.
Tan pronto recuperó la conciencia, José Antonio quiso saber quién había estado a punto de matarle. Leyó y leyó durante meses cualquier libro que se le cruzara sobre la causa y la historia de los armenios y todavía en el hospital, donde luchaba por salvar las dos piernas, fue comprendiendo a sus verdugo.
El resumen de lo que leyó José Antonio debe ser algo parecido a esto:

Durante la Primera Guerra Mundial el Imperio Otomano emprendió un plan de genocidio contra la minoría armenia que poblaba las tierras orientales de la actual Turquía y eliminó con toda suerte de crueldades a más de un millón de personas. Fue un genocidio en toda regla orquestado con el fin de acabar con una nación que reclamaba tenuemente su autonomía. Al acabar la guerra, los otomanos cayeron en el bando de los derrotados y se vieron forzados a firmar el Tratado de Sèvres el 10 de agosto de 1920. En él se reconocían las siguientes cesiones: en Anatolia Oriental se creaba un estado kurdo independiente (Kurdistán); varias regiones pasaban a ser controladas por la joven Armenia (independizada de Rusaia en 1918); Grecia recibía también su parte del botín; Mosul, Palestina y Transjordania caían en manos británicas; Siria, Líbano y Alejandreta eran para Francia; Egipto, Hedjaz y Yemen tenían mejor suerte y se independizaban; e incluso Italia tenía premio: la isla de Castellorizo, de la que ya hemos hablado aquí por ser escenario de la película "Mediterráneo".

Los armenios, pues, recibían su recompensa y unificaban sus territorios históricos. Sólo en teoría. Porque entonces emerge la figura de Mustafá Kemal Atatürk, el militar que construyó la actual Turquía laica y que a base de coces impidió la independencia de kurdos y armenios. La comunidad internacional le dio su beneplácito con el tratado de Lausana de 1923.

Y kurdos y armenios quedaban vendidos.

Hasta aquí la historia ajena a José Antonio Gurriarán, cuyo destino comienza a escribirse en 1975, año en que se funda el Ejército Secreto para la liberación de Armenia (ASALA en sus siglas armenias) La primera víctima del grupo terrorista es el diplomático turco Oktay Cerit, que el 16 de febrero de 1976 es asesinado en París. Él es sólo el primero de una larga lista de funcionarios turcos en el extranjero que serán ajusticiados por el ASALA: Más de 40 trabajadores del cuerpo consular turco morirán en distintos lugares del planeta como California, El Vaticano, Viena, Lisboa u Ottawa. Junto a estos ataques selectivos, los terroristas armenios hacen explotar bombas en lugares públicos y se apuntan varias matanzas, como la perpetrada en Ankara (9 muertos) o en al aeropuerto de Orly (8 muertos)
El primer atentado en Madrid ocurre el 2 de junio de 1978 y acaba con la vida del embajador turco y de su chófer, el español Antonio Torres.
El siguiente bombazo sorprende a José Antonio Gurriarán en una cabina de teléfono.

Y en una habitación del Hospital Clínico es donde empieza la historia que os quiero contar:
Tras meses de documentación José Antonio se ha convertido en un convencido partidario de la causa armenia y quizás en el mayor especialista español sobre sus reivindicaciones e historia. Combina la terapia de recuperación con el estudio pormenorizado de una nación que hasta el 30 de diciembre de 1980 le había resultado completamente ajena y deja de ser un periodista solvente para convertirse en un hombre único, en la víctima más salvaje y lúcida del síndrome de Estocolmo. Gurriarán se recupera y consigue que en 1982 los dirigentes del ASALA le reciban en el Líbano, donde han establecido su cuartel general.

La entrevista es tensa. Los terroristas se cubren el rostro con pasamontañas y no abandonan el kalashnikov en toda la jornada. El periodista español se apoya en su bastón y tiene las agallas para recriminarles su apuesta por la violencia, en la maleta lleva un libro de Martin Luther King que regala a Monte Melkonian, el líder del grupo, para que recapacite sobre el camino que han escogido. Cinco años después, en 1988, el ASALA se desintegra tras la muerte de Hagop Hagopian, su fundador.

Pero aún no termina nuestra historia.

En esos años Gurriarán publica "La Bomba", un libro que recoge su experiencia y los motivos por los que el autor defiende las reclamaciones de los armenios. Todavía tiene vigencia: el gobierno turco aún hoy se niega a reconocer el genocidio armenio de la Primera Guerra Mundial y este mismo año el periodista Hrant Drink fue asesinado por hablar del hecho en un medio de comunicación. El ASALA se equivocó al empuñar las armas, pero la razón siempre estuvo de su lado y muy pocos se han atrevido a reconocerlo. Entre ellos el hombre que a punto estuvo de morir en la Gran Vía. José Antonio Gurriarán.


P.D: He conocido la historia gracias al diario argentino Clarín, que ayer publicaba una nota al respecto con una bonita coda: Gurriarán, todavía apoyado en su bastón, ha viajado por fin a Armenia para conocer una tierra de la que ha llegado a enamorarse con el tiempo y a la que, paradójicamente, le debe el sentido de su existencia: la bomba del ESALA le convirtió en un hombre único, en alguien a quien me gustaría conocer y al que es necesario recordar.

Por cierto, ¿dónde está la historia de Gurriarán en los medios españoles?

6 comentarios:

Lori Mesrobian dijo...

Hola Pablo. Estoy ahora mismo leyendo "La Bomba" y me he quedado impresionada. Primero, porque soy armenia. Segundo porque soy estudiante de posgrado de la filologia espanyola. Tercero porque ver estos dos mundos dialogandose no pasa muy a menudo. Me encantaria ponerme en contacto con Gurriaran-tu sabes como podria hacerlo?
Saludos desde California EEUU.

Pablo dijo...

Me temo que no. A mí también me gustaría conocerle y estoy moviendo algunos hilos para llegar hasta él. Si llego a conseguirlo ya te avisaré.
Un abrazo.

José antonio Gurriarán dijo...

Soy admiradora de José Antonio Gurriarán. Sou portuguesa y le conocí en Lisboa cuando fue corresponsal de TVE. Por casualidad he visto vuestro interés en conocerle y por si quereis comunicaros con él su e-mail es: j.a.gurriaran@telefonica.net
Un saludo. Helena Aleixo

Anónimo dijo...

José Antonio Gurriarán es el presidente o vicepresidente del club internacional de prensa. podeis intentar el contacto con el a través de la asociación.
clubinterprensa@clubinterprensa.org

Lori Mesrobian dijo...

Muchisimas gracias!!! Muchos saludos desde el otro lado del charco.

Anónimo dijo...

José Antonio Gurriarán tiene una página web: www.joseantoniogurriaran.com