Sólo faltaba Artie Bucco, todo lo demás estaba en su sitio. La pared del fondo con un fresco enorme que representaba una aldea toscana, la musiquita italiana de fondo, los camareros italianos, las columnas de mármol rosa, los manteles blancos, las copas de vino... El restaurante de Little Italy se llamaba S.P.Q.R. pero para mí se llamaba Vesubio, igual que el restaurante italiano que Tony, sus compinches y su familia frecuentaban en la añorada serie de televisión "The Sopranos". Sólo con la impagable sensación de degustar una ensalada de tomates secos en el mediodía lluvioso de Nueva York ya estoy satisfecho de este viaje.
Y eso son palabras mayores. Porque, para mi propia sorpresa, Nueva York me está gustando. Confieso que venía con unos cuantos prejuicios y tarareaba aquello de "primero tomaremos Manhattan, después conquistaremos Berlín" al poner pie en el aeropuerto. Pero qué va, he descubierto una ciudad que va más allá de los estereotipos. Sé de uno que se viene a vivir a aquí y que será feliz sin paliativos. Las iglesias de Harlem, Central Park, el número 580 de la Quinta Avenida donde vive Woody Allen, el Blue Note en Greenwich Village... y qué más quieren que les diga, sólo llevo un día en la Gran Manzana, pero a pesar del lujo y la decadencia que siempre le asocio esta ciudad tiene un pulso irresistible. Vale, quizás no fuera feliz viviendo aquí, porque yo prefiero el ritmo lento, no me gustan las prisas, la ambición ni el anonimato mutuo, qué le vamos a hacer. Pero quizás sí fuera feliz comprando cada día el New York Times, quizás sí podría encontrar mi barrio en este universo de pijos y snobs. Quién sabe, esta es una vida que no viviré.
Lo dejo por hoy, aún me siento estragado por el jet lag. Llegamos ayer a mediodía y pasamos la tarde en el Madison Square Garden para contento de mi hermano que disfrutó con el partido de la liga de baloncesto femenino entre las New York Libertys y las Washington Mystics. No es que me encante el baloncesto, pero yo también lo pasé en grande, imbuido en el espectáculo total que tan bien domina esta gente, comiendo perritos calientes y bebiendo cerveza a pie de pista mientras en los tiempos muertos salía una parejita de niños a bailar, las cheerleaders hacían acrobacias, cuatro tipos competían en juegos absurdos y el público entero bailaba sin parar en busca de un plano en el videomarcador o una camiseta lanzada por los animadores. Supongo que es lo que tiene esta ciudad, son emociones sin descanso, una excitación constante que emana de todas las esquinas. Y eso que todavía no he salido de Manhattan...
sábado, agosto 01, 2009
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1 comentarios:
Después de todo aquel viaje, un pequeño extra en NYC. Que guay no?
Es la ciudad de las ciudades, fui en el 2003, fue genial.
Mira, como ya no estoy en facebook :-) y que no tengo tu correo personal, te escribí un mensaje en tu cuenta couchsurfing, a ver si lo lees algún dia.
Abrazos,
Nil
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