jueves, enero 29, 2009
161.- Sri Ram Sene
Ya sé que es un prejuicio muy burro, pero de eso va este post...
Pramod Mutalik es uno de esos calvos peligroso. También es el dirigente del Sri Ram Sene, una organización hindú que tiene mucho de talibán por su intolerancia hacia todo lo que contradiga la ortodoxia de los Vedas. Pongamos ejemplos: los musulmanes son enemigos de los indios y es mejor no tomarles mucha confianza; los católicos intentan convertir a los hindús, por lo que hay mantenerles a ralla; hay que erigir templos en cada esquina para que el buen creyente pueda realizar sus oraciones por lo menos una vez al día; el alcohol y el tabaco son fruto del diablo, así que desterrados de las calles; la vida nocturna es pecado; hay que volver al sistema de castas para organizar la sociedad y así en un largo etcétera de estupideces.
Los miembros del Ram Sene actúan como la policía moral de los peores tiempos de iranís, actuando con el beneplácito de los políticos del BJP (principal partido de la oposición, gobernante en varios estados del país), que están encantados con este ejércitos de fanáticos que les hacen el trabajo sucio. Pongamos nuevos ejemplos: tras la muerte de 50 hindús en un accidente ferroviario se desencadenó una persecución contra musulmanes en el estado de Gujarat (dirigido por el BJP), donde los del Ram Sene encontraron cancha libre para asesinar a 2000 mahometanos. Es sólo un ejemplo. En agosto el SRS arrasó la exposición del pintor musulmán MF Hussain en Delhi y hace sólo cuatro meses llevaron a cabo un ataque coordinado a varias iglesias católicas del país.
En Karnataka, al sur del país, también gobierna el BJP. Allí es donde el Ram Sene de Pramod Mutalik ha cometido su última fechoría: decenas de sus activistas entraron en un pub de Mangalore y asestaron una paliza a una de las mujeres que allí se encontraba pasando el rato. La policía detuvo a 17 "talibanes naranjas", pero fue un arresto menor con el sólo objetivo de cumplir con la opinión pública. La reacción de Mutalik no se hizo esperar: "Ha sido un pequeño incidente y al fin y al cabo nosotros sólo estábamos actuando contra la obscenidad en lugares públicos. La prensa no habla de ello, es decir, de la obscenidad y del comportamiento inapropiado".
El problema es que estos "pequeños incidentes" no son aislados ni rechazados por la mayoría de la población. Ya he hablado alguna vez de ello, pero vale la pena insistir: una ola de extremismo religioso recorre la sociedad india en todas sus escalas y castas, convirtiéndose en un problema para el futuro multiconfesional del país. Y siempre está el calvo gordito que hace sus oraciones cada mañana, que lleva orgulloso el punto rojo en la frente y que escupe en todo lo que no es hindú. India es un país profundamente espiritual, un lugar donde la religión juega un papel principal: quizás sea ése el problema. Ya no se trata de interpretaciones estrictas de una religión, sino del peso trascendental de una creencia indiscutible que provoca problemas imposibles de resolver. Quizás el problema sea mío, que no soporto ninguna religión...
Como tampoco soporto a los que intentan sembrar el odio en un país que desde hace siglos ha sabido convivir con sus "minorías" religiosas. Una de las cosas que más me sorprende de India es la superposición de religiones (hindús, musulmanes, sijs, budistas, católicos) en barrios y pueblos. La vecindad, el conocimiento personal, elimina todos los prejuicios (como ocurre con los catalanes en Granada), pero siempre hay alguien de la calaña de Mutalik que se sirve del nombre de Dios para estropear los placeres de la convivencia. Veterano en la tarea de enfrentar a las comunidades, Mutalik ha vuelto a ser detenido por sus declaraciones. Veremos cuanto tardan sus socios políticos en sacarle de prisión.
P.D: Hoy hemos estado en el Museo del Gobierno en Chennai. Había cosas interesantes, como una colección de bronces elaborados en el sur de India entre los siglos VIII y XV. Y también había cosas disparatadas a lo largo de los 5 edificios que intentaban ser un compendio de los saberes del mundo (zoología, geología, arqueología, medio ambiente, fuentes de energía, museo infantil, galería de arte...) Entre los objetos imposibles que se exponían había una reproducción del cuadro "Campamento de gitanos" de Vincent Van Gogh. Al verlo he dado un respingo: durante años hubo una lámina de ese cuadro en el comedor de mi casa, hasta que cierto día desapareció con destino a otro comedor. No había vuelto a ver las carretas hinchadas, ni tampoco al niño que vestido de azul sale de la esquina inferior para encontrarse con su familia entre los dos carros. Cuántas veces fantaseé de pequeño con ese niño del gorro azul...
sábado, enero 24, 2009
160.- El templo cubierto de Madurai
Lastima. Hasta el mes de julio siguen las labores de restauracion en el templo de Sri Meenakshi. Las siluetas de sus seis gopurams (torres) estan cubiertas con tela negra y andamios de madera que ocultan las miles de esculturas pintadas que han hecho famoso a este templo dravidico del sur de India. Lastima una vez mas. Es la segunda vez que nos ocurre un imprevisto de este tipo en este viaje: la anterior fue en Bucharest, donde un circuito urbano de Formula 3000 rodeaba el edificio del Parlamento (simbolo de la megalomania de Ceaucescu) impidiendo el acceso.
Bueno, tampoco es una tragedia. Despues de comer pasearemos por el recinto del templo y esta mañana, ademas de solucionar cuestiones logisticas (ya tenemos el billete para uno de los trenes que salen de Madras - recomiendo la lectura del relato homonimo de Antonio Tabucchi) hemos visitado el museo que la ciudad dedica a la figura de Mahatma Gandhi. Ha sido una visita interesante que me ha hecho reflexionar sobre un par de cosas. A saber:
1 - Ya que el otro dia hable de los portugueses en India, debiera decir algo de la presencia inglesa y de la Compañia de las Indias Orientales, pues resulta imprescindible considerar a los britanicos para interpretar la historia reciente de India. De momento anoto cuatro fechas clave. Quizas en otro momento escriba algo mas largo:
1600: Se crea en Londres la East India Company. En los siguientes años llegan los primeros comerciantes a la corte mogol de Akbar y Jahangir, obteniendo el permiso real para comerciar con el imperio. En 1639 la primera colonia inglesa se establece en Madras (hoy Chennay)
1757: Batalla de Palashi (Plassey). Los ingleses, dirigidos por Robert Clive, derrotan a las tropas del nawab de Bengala. Es la primera vez que los comerciantes ingleses adoptan un rol politico y militar desde su llegada a India. En los meses posteriores, Clive y sus hombres se enfrentan a los ejercitos mongoles, tomando control de la provincia de Bengala. La East India Company se convierte en soberana absoluta de la region y Robert Clive es nombrado primer gobernador de Bengala. En las decadas posteriores, la East India Company tomara por las armas el control del resto del pais hasta configurar un autentico imperio.
1857: Rebelion de los Cipayos. Las tropas indias entrenadas por los ingleses se rebelan contra las autoridades britanicas. La rebelion se extiende al resto de la poblacion, que acorrala a los ingleses en la primera gran revuelta por la Independencia. Asustada ante la posibilidad de perder la colonia, la Corona britanica releva a la East India Company y toma el control adminstrativo de la colonia india a traves de la figura del Virrey.
1947: La presion de la sociedad civil india, articulada en torno a las figuras de Gandhi, Nehru y Jinnah, acaba por derrotar las resistencias britanicas a la independencia india. Los ingleses dejan su perfido sello antes de salir corriendo: la colonia es dividida entre India (mayoria hindu) y Pakistan (mayoria musulmana), dando inicio a una serie de enfrentamientos religiosos que engendraron el odio actual entre India y Pakistan.
Esta relacion en 4 puntos, por escueta, me resulta dolorosa. Pero sirve como resumen...
2- La segunda reflexion suscitada por el museo me lleva a la figura de Subhas Chandra Bose. Este politico y militar indio, nacio el 23 de enero de 1897, por lo que hoy se celebra el 112 aniversario de su nacimiento. Hasta aqui no hay problema. Las discusiones vienen por la fecha de su muerte. Me explico:
Chandra Bose fue uno de los activistas de la lucha armada contra los ingleses, lo que le llevo a separarse del pacifismo de Mahatma Gandhi y del grueso del Partido del Congreso (del que fue presidente en dos ocasiones) Durante la Segunda Guerra Mundial vio la posibilidad de aliarse con los poderes del Eje para abrir un nuevo frente en el conflicto. Viajo a la URSS, Alemania y Japon hasta que al fin obtuvo patrocio nipon para el recien nacido Ejercito Nacional Indio, formado por prisioneros de guerra e inmigrantes indios que trabajaba en las plantaciones malayas y de Singapur. Al mando de estas tropas, Chandra Bose se unio a los japoneses en la campaña por el control de Burma (Myanmar), que llevo la guerra hasta las fronteras indias.
Gran admirador de la ideologia nazi (sobre todo del discurso sobre la superioridad del pueblo ario), Chandra Bose se convirtio en un peligro real para el mundo libre. Pero la derrota en la batalla de Imfal y la posterior Operacion Dracula acabaron con la amenaza japonesa en el sudeste asiatico en 1944-45. Con la guerra practicamente decidida, Chandra Bose murio en un accidente aereo el 18 de agosto de 1945 en Taiwan. O no?
Sus seguidores, que en las proporciones indias han de contarse por centenares de millones, aseguran que fue asesinado por los servicios de espionaje britanicos. De hecho, desde la independencia se han establecido tres comisiones para dilucidar el verdadero final de este incomodo heroe que saludaba a la romana y se emocionaba con el Mein Kampf. Dos concluyeron que murio en el accidente, pero la otra se lmito a alimentar las sospechas de un comlot. Me gustaria leer algo serio sobre el filo-fascismo en India durante aquellos años...
Total, que como cada año para el aniversario no faltan los nostalgicos que le recuerdan y los historiadores que ponen su granito de arena en el fabuloso caso de la muerte de Chandra Bose. Hay quien dice que aun esta vivo...
3- La ultima reflexion es para el propio Gandhi, protagonista del museo. No voy a escribir mucho sobre el, porque es de sobras conocido y todo lo que diga sera una redundancia. Me conformo con mostrar mi admiracion por los motivos de su lucha (la independencia si, pero no a cualquier precio: la nueva India tendria que eliminar el sistema de castas, las luchas religiosas y la discriminacion sexual) y con recordar la frase de Einstein colgada en una de las paredes del museo: "A las generaciones futuras les costara creer que un hombre como este haya existido de verdad". Es cierto: miro a los lideres del mundo y no veo a ninguno con quien compararle.
Una ultima frase sobre Gandhi: algunos de sus libros estaban en el expositor (asi como el calzon que vestia cuando le dispraron, aunque eso da igual) Estos son los titulos que recuerdo: Auge y caida del Imperio Romano (en tres volumenes), de Edward Gibbon; La revolucion francesa, de Thomas Carlyle; Una breve historia de los sarracenos, de un autor que no recuerdo; el Fausto de Goethe; el Nuevo Testamento y la Biblia; una recopilacion de libros sagrados indios traducidos al ingles; The Kingdom of God is within you, de Leo Tolstoy; y uno de Alexander Pushkin cuyo titulo no recuerdo, una lastima una vez mas...
viernes, enero 23, 2009
159.- Portugueses en India (Goa y Cochin)
En Lisboa descubrí una serie de sentimientos que hasta entonces desconocía y que, diluidos, vendrían a acompañarme en el resto de mis viajes y mis días. Porque en Lisboa aprendí lo efímero de cualquier gloria y la tristeza que queda en el paisaje cuando e tiempo destinado a una ciudad (o una persona) se ha extinguido.
En el siglo XVI Lisboa, la vieja Lisboa, fue la capital del mundo. A su puerto llegaban los productos del Brasil, de las costas de África y del Océano Índico, lugares todos en los que había una pequeña colonia portuguesa, o por lo menos un puesto comercial donde ondeaba la bandera lusa. Aquel pequeño país europeo que era Portugal dominaba las principales rutas comerciales, incluida la mítica Ruta de las Especias en régimen de monopolio. Centenares de barcos, despues de surcar los siete mares durante meses, anclaban en sobre el Tajo. Imaginar el perfil de la ciudad en aquellos tiempos no resulta muy difícil: grandes plazas, iglesias, los edificios forrados de azulejos, esclavos negros en el puerto, mendigos que se santiguaban en la puerta de las iglesias. Por un tiempo, Lisboa fue la gran metropolis del mundo... hasta que comenzó el declive del imperio.
Y con él, el declive de la ciudad, que fue perdiendo su lustre y sus azulejos con el paso de los años hasta acabar convertida en un fantasma del pasado. Me recuerdo paseando por las calles de Lisboa, impresionado, incluso aturdido, presa de una saudade que los lisboetas me iban inoculando por las calles de Intendente, Belem o Alfama. En aquellos paseos nació la fascinación por el imperio portugués, una fascinación que se divide en dos niveles: la admiración histórica y el afecto por un pueblo pequeño que dominó al mundo gracias al conocimiento y al valor, un pueblo pequeño con alma de emigrante que lo perdió todo antes de haberlo ganado y que tras la desaparición del rey Sebastián se quedó esperando en el alféizar de la historia, con una mano en la mejilla, viendo el océano en la distancia, el mar que trajo y se llevó los días de su efímera gloria.
Como todas las hondas emociones, no fui consciente de su magnitud hasta un tiempo después. La inclinación por Portugal fue tomando cuerpo a mi regreso con algunos discos y una asignatura de libre elección en mi último año de carrera: Literatura portuguesa en las colonias africanas. Dos tardes a la semana, de 5 a 7, viajaba en el tiempo y en el espacio con el recuerdo latente de mi estancia en Lisboa, mientras iba leyendo las páginas de escritores de Mozambique, Angola y Cabo Verde.
Sin embargo fue en Brasil donde maduró mi apego por la expansión de Portugal. 500 años después de sus descubrimientos, yo descubría las figuras de Pedro Alvares Cabral, Vasco da Gama y tantos otros navegantes que habían sido educados por el rey Enrique para desvelar los misterios de allende los mares. Con la precisión de un obseso, señalé en el mapa todas las ciudades que no me podía perder. Y acompañado de Sandra, paseé durante meses por las calles adoquinadas de Ouro Preto, Rio de Janeiro, Salvador de Bahia, Olinda, Recife, Sao Luis de Maranhao, Alcántara, Belem do Pará, Macapá, Manaus y Porto Velho.
Con cada ciudad que visitaba, la impresión dejada por Lisboa en mi interior parecía hacerse más profunda, arraigándose también en mí la necesidad de saber más sobre aquel pueblo de descubridores. Aunque nunca he tenido tiempo para ello, aprendí por lo menos cómo llegó Cabral a Brasil, qué caminos tomó y cómo se fraguó aquella colonia transatlántica que tres siglos después se convertiría en sede de la monarquía portuguesa y capital del Imperio con Pedro II.
Hace un año, aproximadamente, cuando los recuerdos del viaje a Sudamérica ya se habian apaciguado, comencé a preparar con detalle la ruta de esta nueva huida que actualmente nos lleva por los rincones de Asia. No estaba obsesionado con los portugueses, no es que sólo pensara en ellos, pero en un rinconcito de mi entendimiento guardaba la imagen de las iglesias encaladas cerca del mar.
Por entonces no sabía nada sobre los portugueses en la India. Me tuve que conformar con apuntar tres nombres en el cuaderno (Diu, Goa, Cochín) y confiar en el camino para satisfacer mi natural inclinación por el pasado luso. Hoy puedo decir que el camino ha sido generoso.
Escribo desde Varkala, una magnífica playa situada en el estado de Kerala, muy cerca de la costa donde en 1498 llegó el primer barco portugués a India. Y aunque sigo sin entender muchas cosas, tal y como ocurrió en Brasil, tras varias semanas de viaje ya he aprendido lo suficiente para ofrecer una síntesis de la colonización portuguesa en el Océano Índico. Así que éste es el momento de poner a fin a tamaña introducción para pasar al relato del Novo Estado da India:
En 1498 Vasco de Gama protagonizo una de las grandes hazañas que tanto proliferaron en la epoca de los descubrimientos: a bordo del Sao Gabriel, dobló por primera vez el Cabo de Buena Esperanza y después de rodear el continente africano, llegó a las costas del sur de India. Vasco de Gama había encontrado la única puerta que permitía acceder a los mares del sur, ruta que concedió a los portugueses un siglo de monopolio comercial con India y el Lejano Oriente. Ya en su viaje de regreso, el descubridor llevó a Lisboa un cargamento de pimienta india y una vez fueron conocidas sus noticias, una flota de barcos de guerra portugueses patrulló la ruta para impedir que otras naciones se apropiaran del descubrimiento.
Uno de los primeros marineros lusos en seguir la ruta de Vasco de Gama fue Pedro Álvares Cabral, que fue enviado por el rey Manuel I en 1500 para continuar la labor de Vasco de Gama. Sin embargo, quiso la fortuna que Cabral tardase mas de dos anyos en llegar a Kerala siguiendo la ruta que se le habia ordenado: los vientos le guiaron hasta las costas de Brasil, donde se demoro para mayor gloria de la corona portuguesa, pues aquel error, como el de Cristobal Colon ocho años atras, supuso el descubrimiento de la colonia brasileña.
Cuando finalmente Cabral llegó a las costas de Kerala, en 1502, consiguio entablar relaciones con el rajá de Cochín, que gobernaba en toda la region. Las habilidades diplomáticas de los navegantes lusos no eran menores que su pericia y valor, con lo que pronto el rajá aceptó la presencia de los portugueses otorgándoles licencia para comerciar en sus puertos. Era el primer paso del colonialismo europeo en la India.
En 1503 se construyó el primer fuerte portugués en Cochin y ese mismo año se erigió en la ciudad la iglesia de San Francisco, la primera iglesia católica construida en India por los europeos. El libro de la historia estaba abriendo un nuevo capítulo...
Los portugueses, conscientes del filón que habían encontrado, no demoraron su expansión por la costa occidental del subcontinente. En 1510 conquistaron la plaza fuerte de Goa, arrebatándosela a la dinastia Adil Shani de Bijapur. Enseguida fue fortificada para utilizarla de plataforma en sus próximas conquistas: en 1531 los soldados portugueses vencieron a las tropas del sultán de Gujarat, a quien obligaron a firmar un acuerdo de paz que cedio a los europeos el control de los puertos de Diu, Damán y Bassein (la que luego sería Bombay)
El período de expansión había finalizado. Con aquellos cinco enclaves, los marineros de Portugal tenían más que suficiente para exportar las preciadas especias a los mercados europeos y surtir con caballos y armas de fuego a los principes del interior indio en sus viajes de retorno. Era un negocio perfecto que durante de cien años enriquecio a comerciantes, nobles y descubridores.
De la mano de los portugueses llegaron los primeros misioneros a las Indias Orientales. Los franciscanos de Cochin fueron seguidos por los jesuitas de San Francisco Javier en 1542, que se establecieron en Vieja Goa, la capital colonial portuguesa. Bajo los cocoteros, Goa La Dorada se convirtio con los años en una cuidad esplendida que llego a rivalizar con Lisboa. Junto a los edificios administrativos, decenas de iglesias y conventos fueron construidos para albergar a la numerosa poblacion religiosa que llego desde Europa para difundir el cristianismo entre los salvajes indios.
Francisco Javier, navarro, seguidor y amigo de Ignacio de Loyola (fundador de la orden de los jesuitas) fue la bandera de los misioneros en Asia. Durante diez años salto de isla en isla, convivio con tribus indigenas que no entendian nada de lo que decia y se jugo la vida hasta que en 1552 murio de fiebres en la isla de Sancian, en el mar de China. No fueron los milagros que hizo en vida los que le sirvieron para su posterior canonizacion, sino el milagro que supuso la preservacion natural de su cadaver durante decadas. Famoso en todo el mundo catolico, su cuerpo momificado se halla en la Basilica del Bom Jesus (Vieja Goa) y es expuesto al publico cada 10 años (la proxima ver sera en 2014)
Y asi, entre barcos, misioneros, leyendas, iglesias y fuertes, se fue asentando el poder portugues en los puertos de la India.
Con la desaparicion del rey Sebastian en 1568 en el norte de Africa comenzo el lento declive del imperio portugues, pero por entonces aun no podian percibirse signos de derrota en las calles de Goa. La Catedral acababa de ser consagrada y el Tribunal de la Inquisicion funcionaba como una maquina imposible de saciar. En Cochin, los arquitectos portugueses construyeron el palacio de Mattancherry como presente para el raja Veera Kerala Varma, que comenzaba a sospechar que aquellos europeos le estaban utilizando como una marioneta. Todo iba viento en popa. O eso parecia.
Porque en 1580 la corona de Portugal fue absorvida por la Monarquia española (no recobraria su independia hasta 1640) y ante la debilidad que ello supuso, las grandes potencias europeas no tardaron en arrebatarle las colonias y las rutas comerciales. A principios del siglo XVII una terrible epidemia cayo sobre la Vieja Goa como una premonicion. En los siguientes años se constato el fracaso definitivo: ingleses, holandeses y españoles lanzaron sus barcos en busca del Cabo de Buena Esperanza y la costa Malabar. Hacia 1640 sus comerciantes ya habian roto el monopolio luso y poco despues los holandeses sellaron un acuerdo con el raja de Cochin que supuso la expulsion de los portugueses. En 1661, en el marco de las intrigas sucesorias que enterraron el periodo dorado de Portugal, Catalina de Braganza fue ofrecida en matrimonio a Carlos II de Inglaterra, llevando como dote las 7 islas que en el futuro se convertirian en Bombay (Bom Bahia)
La bandera portuguesa siguio ondeando en los fuertes de Goa, Diu y Daman, pero la enseña roja y verde parecia mas un recuerdo que un simbolo de poder. Progresivamente los comerciantes lusos fueron apartados de todas las rutas comerciales y las guarniciones militares tuvieron que conformarse con mantener los puestos de avanzada, que incluian algunas islas malayas y el puerto de Macau.
Y asi siguieron durante siglos, pues aunque herido de muerte, el Novo Estado da India sobrevivio como un anacronismo hasta 1961, año en que la logica vencio por fin a la estupida heroica lusitana. En una pequeña operacion miliar el ejercito indio tomo el control de los tres puertos y expulso a los pocos portugueses que 450 años despues del viaje de Vasco de Gama todavia quedaban en suelo indio.
Asi fue. Quien haya visto Lisboa al atardecer, podra intuir la melancolia que aun emana de las iglesias de Goa y Salcete, o del fuerte de Diu, donde una lapida en la capilla de San Sebastian recuerda a los soldados portugueses que dieron su vida por esta quimera. Ellos no son los heroes de esta historia... Una vez mas, al menos para mi, los heroes son los miles de portugueses anonimos que huyeron de la pobreza peninsular abrazando un sueño de gloria a bordo de un velero. Los miles de emigrantes medievales que construyeron el mito del retorno y el sentimiento de gloria pasada que me acompaña entre las ruias desde aquel viaje a Lisboa...
martes, enero 20, 2009
158.- Un tema recurrente
LOS RODRIGUEZ - La Puerta de al lado
Dejar que pase el tiempo
con la mirada errante sin ninguna dirección.
Un libro siempre abierto,
las hojas arrancadas una a una con rencor.
En un lugar cualquiera,
en una secundaria carretera provincial,
la luz en la ventana
brillando con el ruido de camiones al pasar.
Y en la recepción hay un nombre falso,
nadie en el mundo sabe dónde estoy
(sin saber, sin saber dónde estoy).
Y ahora que estoy solo con mi pensamiento
esperaré que el viento me venga a buscar.
Ideas circulares,
palabras que no paran de girar en mi interior.
Mentiras y verdades,
que parecen iguales donde suena mi tambor.
Hay alguien ahí afuera
hablando en el pasillo como burlándose de mí.
Se escuchan cachetadas
y ruido de cucharas, y una chica dice "sí".
Hay un ahorcado en la puerta de al lado
que dice: "Por favor no molestar"
(nunca más, nunca más, nunca más).
Y ahora que estoy solo con mi pensamiento
esperaré que el viento me venga a buscar.
El frío juega en contra mío, y ahora que
no hay nada que me reconcilie con volver,
soy la funda vacía
de una guitarra que un día aprenderá a tocar.
Dejar que pase el tiempo
con la mirada errante sin ninguna dirección.
Un libro siempre abierto,
las hojas arrancadas una a una con rencor.
Hay alguien allí afuera,
hablando en el pasillo como burlándose de mí.
Se escuchan carcajadas
y ruido de cucharas, y una chica dice "sí".
En la puerta hay un cartel colgado
que dice: "Por favor no molestar",
(nunca más, nunca más, nunca más).
y ahora que estoy solo con mi pensamiento
esperaré que el viento me venga a buscar.
El frío juega en contra mío, y ahora que
no hay nada que me reconcilie con volver,
soy la funda vacía
de una guitarra que un día aprenderá a tocar.
Esperando que el viento me venga a buscar...
157.- Varkala
Así que por fin tenemos tiempo para hacer todas aquellas cosas que en los últimos 5 meses y medio no hemos podido hacer. Cosas importantes, se entiende, como el calculo inútil de noches y trayectos invertidos en el viaje desde que salimos de Barcelona. Las cuentas quedan así:
Llevamos 161 noches en la mochila, de las que 115 han transcurrido en habitaciones privadas (3 en hoteles memorables por su suciedad y 7 en hoteles de 5 estrellas), 19 en habitaciones compartidas y 4 en casas ajenas. Sólo una vez hemos dormido a la intemperie y hemos pasado otra larga noche en el aeropuerto Imam Khomeini de Teherán. 10 noches en autobúis y 11 en tren completan el total.
En cuanto a los trayectos de más de 4 horas, contando por encima me salen 100. 49 autobuses (el medio más utilizado), 22 trenes y 3 aviones en 6 países distintos. Además de 8 trayectos en autostop, 9 taxis compartidos, 4 furgonetas, 4 ferrys y una barca. El número de kilómetros se me escapa de las manos.
A este tipo de juegos nos enrtegamos en la playa de Varkala, relajados sabiendo que los próximos días no hemos de hacer la mochila ni sumar un nuevo trayecto al currículo. Descansamos en paz. Y leo. Leo una edición del Robinson Crusoe que compré por 50 rupias en el mercadillo de Cochín. El libro lleva el sello del instituo de Clayton Valley, en California. ¿Qué caminos siguió este Robinson hasta caer en mis manos?
Y también leo una magnífica revista que acabo de descubrir en los quioscos indios. Se llama Frontline y es editada por el grupo The Hindu. Tiene más de 100 páginas, con escasa publicidad intercalada, dedicadas a la política nacional e internacional. Puede no parecer mucho, pero dada la indignidad de las cabeceras en este país, el hallazgo de Frontline es una bendición. Leo mientras las olas mueren a mis pies, repasando página tras página lo que ocurre en el mundo que habito actualmente. Os hago un resumen del contenido de la revista, pues esclarece el universo que rodea a India:
- La portada lleva una foto que podría haber firmado Ray: es el primer plano de una niña palestina enterrada entre los escombros. El título deja clara la orientación de la revista: "Masacre de inocentes. Israel arrasa Gaza en su intento por eliminar a Hamas, que dirige un gobierno elegido democráticamente". Sí, los de Frontline son del ala radical... pero tampoco es un panfleto, no os vayáis a pensar.
- 6 reportajes sobre la guerra en Gaza: El primero, evidentemente, resume en 6 páginas lo ocurrido en las últimas 3 semanas. El siguiente se titula "Furia en las calles árabes" y recopila las reacciones en Jordania, Líbano, Turquía, Egipto, Kuwait e Irán. "Hermanos divididos" es el título de una pieza que analiza las relaciones entre Fatah y Hamas; "¿A quién le importa?", se pregunta la pieza que recoge la actitud de Naciones Unidas y los principales gobiernos occidentales ante los ataques de Israel. Finalmente, el escritor israelí Yael Lotan habla de "Terror ilimitado" en un artículo en el que critica la dislexia de su país de origen: el lamento por los sufrimientos del pasado y el sufrimiento que ahora infringe a la población palestina. Puede no pareceros mucho, pero si leyerais el Times of India, por poner un ejemplo, entenderiais lo que esta cobertura significa para el lector interesado.
- 3 piezas sobre Pakistán. Un artículo de opinión sobre la amenaza que el terrorismo significa para el propio pueblo pakistaní, un artículo sobre los esfuerzos diplomáticos llevados a cabo en los últimos años por el ejecutivo de Manmohan Singh con el país vecino, y una reflexión sobre la negativa del Colegio de Abogados de Bombay a defender al único terrorista que sobrevivió a los atentados de Bombay.
- 1 reportaje sobre las recientes elecciones en el estado de Cachemira y una entrevista a Omar Abdullah, el joven político del CN (Conferencia Nacional) que se ha hecho con el cargo de Primer Ministro tras pactar con el partido del Congreso. Por hacerlo fácil: Cachemira es un estado polarizado entre la población musulmana (mayoritaria) e hindú. Los musulmanes más radicales votan al PDP y los hindús al BJP. Ambos estarán en la oposición los próximos 8 años, mientras que Abdullah dirigirá un gobierno de conciliación. La figura del último de los Abdullah (su abuelo y su padre también fueron primeros ministros de Cachemira) es un soplo de esperanza para la pacificación de la región. Ya veremos que pasa...
- 1 amplio reportaje sobre la celebración de los 50 años de la revolución en Cuba que se titula "Haciendo historia". A más de uno que yo conozco se le pondrían los pelos de punta al leer los argumentos a favor de Fidel y en contra del bloqueo, pero resulta interesante ver cómo se perciben las cosas en un país que se independizó en 1947 para tontear en la época de Nehru con la Unión Soviética. Además de los logros básicos de la Revolución (sanidad, vivienda, educación y alimentación), el artículo analiza la vocación internacionalista de Fidel, haciendo mención a todos los procesos de independencia africanos en los que Cuba participó: Congo, Argelia, Etiopía, Angola, Mozambique, Guinea Nissau y así hasta la batalla de Cueto Canavale, momento decisivo para la liberación del pueblo sudafricano del yugo del apartheid. Insisto: interesante el punto descolonizador que levanta simpatías.Completa el cuadro cubano una selección de fotografías de la visita de Fidel a Calcuta en 1973. Curioso.
- 1 reporatje sobre las intenciones chinas sobre Taiwan y el papel que adoptará Estados Unidos ante las exigencias de Hu Jintao.
- 1 reportaje muy bueno sobre las elecciones del 29 de diciembre en Bangladesh. El "otro" vecino indio será dirigido en los próximos años por la Gran Alianza de Sheikh Hasina, una mujer de corte moderado que venció a los extremistas musulmanes y a la derecha. Hasina, otra figura más de la tradición asiática de las grandes familias políticas (los Bhutto, Nehru, Andullah y compañía), tiene ante sí el reto de luchar contra la abrumadora pobreza del país y de cerrar las heridas aún abiertas desde la guerra de liberación de 1971, cuando los sectores más radicales se pusieron del hermano musulmán pakistaní para masacrar a la población bengalí.
- 1 reportaje sobre la ofensiva del ejército de Sri Lanka sobre los Tigres de Liberación Tamil (LTTE), que ha arrinconado a los terroristas en una esquina de la isla. El texto se centra en la toma de Kilinochchi, la capital tamil que apareció desierta (se cree que en ella vivían 100.000 personas) cuando el ejército entró en ella el 2 de enero. ¿Dónde están todos sus habitantes?La información sobre Lanka (como aquí le llaman) viene complementada por el artículo de un periodista de Colombo sobre el asesinato deLasantha Wickramatunga, periodista crítico con el gobierno por los casos de corrupción detectados y los medios empleados en la lucha contra los Tamiles. El estudio anual de Reporteros sin Fronteras sitúa a Sri Lanka en el puesto 165 de 173 países: el periodismo es una profesión de alto riesgo en esa pequeña isla.
Y podría seguir enumerando pieza tras pieza, pero esto ya se ha hecho largo. Es de noche y tengo hambre. Salgo de internet para ir a probar ese pez espada. Por la noche acabaré el texto sobre los portugueses en India que he empezado esta mañana... Y mañana volveré a empezar el círculo de pequeños placeres que me ocupa esta semana.
P.D: Se de alguien que al leer este post confirmara sus sospechas de que estoy de vacaciones...
lunes, enero 12, 2009
156.- Hampi (Vijayanagar)
Como tantas otras banderas y nombres de países, como el resto de estímulos de infancia, el escudo de Vijanayagar desapareció de mi vista para quedar almacenado en mi memoria. De allí salió de vez en cuando a lo largo de los siguientes años, la figura esbelta de aquel elefante que me veía fracasar en mis intentos por pronunciar el nombre de su lejano reino: Vijaygar, Viyanagar, Vijay…
Ya en Granada, el año pasado, mientras preparaba este viaje, volví a toparme con la figura del elefante blanco. Descubrí que el reino impronunciable había existido realmente y que las ruinas de su capital se encontraban en la ciudad de Hampi, en el estado de Karnataka, en el sur de la India. Anoté las coordenadas en mi cuaderno y volví a olvidar al elefante.
Hoy escribo desde Hampi, un pueblecito que situado junto al yacimiento. Hoy de nuevo he paseado por las ruinas de una ciudad barrida por el tiempo, la poderosa capital de un reino que durante tres siglos dominó a placer las regiones meridionales de India. Y ese caminar entre cenizas, con el polvo adherido a la piel, me ha devuelto a la alegría que siento en todos mis encuentros con la Historia, ya sea en un archivo o ante un túmulo hundido. Perseguir los hilos del tiempo me hace sentir seguro.
que me siento a gusto entre los escombros de Vijayanagar. Me relaja tomar mi manual de historia india (“India, a history”, de John Keay) y compartir con vosotros el efímero triunfo de aquel reino lejano en el que vivía el elefante blanco con el que soñaba de pequeño:
El nacimiento del reino de Vijayanagar se puede fechar alrededor de 1330, cuando los hermanos Harihara y Bukka lideraron la unión de varios clanes hindús. Apenas 10 años después, Bahman Sha inauguraba el sultanato Bahmánida en las tierras del Decán, la provincia central de India que en el siglo XIV separaba a los musulmanes de Delhi de los hindús de Vijayanagar.
Que el nacimiento de ambas entidades coincida en el tiempo no es una casualidad, pues los dos reinos convivieron en los siguientes 200 años en el marco de una estrecha relación que siempre derivó en guerra, y que en última instancia acabaría por exterminarles.
Las guerras entre los musulmanes Bahmánidas y los hindús del elefante blanco son uno de los episodios más terribles de la historia india. Una y otra vez cayeron los unos sobre los otros para arrancarse los ojos y saquear sus ciudades, en un adelanto de la guerra de religiones que azotaría al subcontinente tras la partición de 1947.
Bukka, el primer rey de Vijayanagar, fue sucedido en el trono por su hermano Harihara y a éste le siguieron Harihara II, Deva Raya I y Deva Raya II. Cada uno de ellos aceptó como su sino el proseguir la guerra contra los bahmánidas del norte, que a pesar de amenazar la ciudad de Hampi en varias ocasiones jamás consiguieron tomarla, tan espléndidas eran sus fortificaciones.
Aunque fue durante el reinado del gran Krishna-deva-raya cuando la ciudad alcanzó todo su esplendor. Este monarca, reconocido por su capacidad así en la guerra como en la paz, accedió al trono en 1509 para reinar durante los siguientes 20 años. En este período se construyeron los hermosos templos que aún hoy se pueden observar en el interior de las viejas murallas de la ciudad, una ciudad “grande como Roma y no menos bella”, en palabras de un observador portugués de la época.
Los años de gloria de Vijayanagar coincidieron con el declive del sultanato Bahmánida, que a consecuencia de ciertas disputas sucesorias acabó por dividirse en cuatro reinos independientes. Mientras duró su separación, los reyes hindús no tuvieron ningún reparon en ampliar sus fronteras y mantener la religión de los Vedas en el único rincón de India donde aún no habían llegado los mahometanos: desde el norte, los mogoles de Babur se extendían como una mancha de aceite. Aunque el peligro más inmediato para los reyes del elefante blanco se encontraba en sus propias fronteras, donde los cuatro sultanes sellaban una alianza para acabar con Vijayanagar (también era su sino: los dos estados habían nacido para acabar el uno con el otro) En 1565 los ejércitos de ambos bandos (entre los que se contaban miles de caballeros, centenares de elefantes de combate y hasta armas de fuego) chocaron cerca de Talikota, en las orillas del río Kistna, donde el destino trágico de ambos reinos quedó revelado.
Los bahmánidas derrotaron a su enemigo. El rey hindú fue degollado mientras que los pocos supervivientes de aquella matanza se refugiaron en los confines del reino. Los vencedores, agotados y enfrentados entre sí, ni siquiera tuvieron fuerzas para saquear la capital de Vijayanagar, que les esperaba abandonada a 120 kilómetros de distancia. El reino del elefante blanco desapareció para siempre después de la batalla de Talikota y algo parecido ocurrió poco después con los bahmánidas cuando estos fueron engullidos por los mogoles del norte. Durante 200 años miles hombres habían muerto en decenas de batallas para que finalmente los dos reinos acabaran desapareciendo. Ése había sido su destino.
Liberada del saqueo de los enemigos, la ciudad de Vijayanagar escapó a la destrucción para caer pronto en el olvido del sur derrotado. Hoy es uno de los yacimientos más emocionantes que se puede encontrar en territorio indio: el templo Vittala, el Lotus Mahal, la sucesión de baños y piscinas y hasta el establo de los elefantes. Todo habla de una civilización extinguida, un pueblo que entre palmeras y mosquitos escribió un pedazo de historia antes de desaparecer. Vivieron, las tallas en los templos dan fe de ello; veneraron a Shiva, a Krishna y a Vishnú; preferían los caballos como medio de transporte y como no podían criarlos los importaban del golfo Pérsico; cultivaron la música y la poesía casi tanto como la tierra fértil que acompaña al río Tungabhadra. Existieron, a fin de cuentas. Aunque hoy la vida de todos ellos parezca tan irreal como la de aquel elefante blanco de mi infancia.
jueves, enero 08, 2009
155.- Rajastan
La tierra de los Reyes… Rajputana… Se me plantea ahora la dificultad de evocar en dos líneas y un minuto la sensualidad de esta región donde cohabitan la montaña con el desierto y donde viven los descendientes de los clanes rajputas. Hoy no son más que agricultores o camelleros (es un estado rural y mayoritariamente analfabeto), pero no hace tanto tiempo estos hombres que caminan por el andén de la carretera fueron los soldados más temibles que India ha conocido. Cubiertos con un turbante azafrán cabalgaban sobre las dunas a lomo de camello, el opio ritual en la faltriquera, la polvareda flotando alrededor de las caravanas, la espada y su brillo centenario al desenvainarla, mientras las mujeres, escondidas tras sus velos de mil colores, observaban sus batallas en silencio. Cuando en Europa nacía el modelo de caballero medieval en el Rajastán ya cabalgaban estos soldados que servían a las órdenes de los marajás. Una decena de estados independientes convivió durante siglos en el Rajastán, cada uno de ellos con su propia historia y simbología, con sus leyendas y sus palacios de ensueño. En el siglo XIX el coronel inglés James Todd llegó al palacio de Udaipur y quedó fascinado con lo que acababa de encontrar: una tierra de leyenda. A ella le dedicó los siguientes años de su vida, instalado en el palacio, testigo del lujo y los placeres con los que la vida regalaba al marajá. Allí escribió su imprescindible “Anales y antigüedades del Rajastán”, enfrentado durante años a aquel trabajo sobrehumano que se había impuesto, tratando de recopilar en sus cuadernos la historia casi milenaria de un pueblo acostumbrado a las gestas en cada generación. “Antes la muerte que el deshonor”, era su lema. Tantas batallas, sangre, historias grandes y pequeñas de los reinos del Rajastán… y todas contadas por primera vez para que Todd las codificara en el papel. Ví el escritorio de Todd, frente al lago, en un patio de proporciones perfectas cubierto de marfil; sentí envidia…
Ya os lo dije: hoy no tengo el temple suficiente para hablar de los marajás y sus soldados con el brillo que merecen. Todo lo que diga será poco y no bastará para transmitiros el encanto de uno de los estados más fascinantes (y turístico) de India. Me conformo entonces con anotar brevemente nuestra ruta por el Rajastán:
.- Udaipur: Llegamos de madrugada, lo que convirtió el despertar del día siguiente en una de las mejores experiencias de este viaje: al otro lado de la ventana había un lago envuelto en brumas y en todas direcciones aparecían palacios de marfil, de un blanco mágico, casi impalpable. Hay palacios en las orillas y hay también dos palacios flotando en el lago, lo que explica la ubicuidad del marfil en la mañana brumosa. Los que quieran más detalles que busquen en el videoclub la peli de “Octopussy”, con Roger Moore haciendo de James Bond.
.- Kumbalgarh: Excursión de un día. Se trata de un fuerte perteneciente al reino de Mewar, cuya capital era Udaipur. Dicen los guías de la puerta que la longitud de sus murallas sólo es superada por la Muralla China. Puede ser… Lo cierto es que la construcción es impresionante. Aunque yo guarde más recuerdo del intimismo de sus patios, donde pensé en imágenes que cruzaban el pasado y el futuro. Desde lo alto de su azotea creí ver el infinito.
.- Chittorgarh: Otro bastión de Mewar. Además de la multitud de animales que habitan sus ruinas (monos, vacas, búfalos, perros, cabras, ratas, ardillas…), hay que destacar la Torre de la Victoria, cincelada en sus 37 metros con bellas deidades hindús. Dormimos en una habitación decorada con murales rajastanís: soldados con bigotes y faldas, mujeres con grandes aros en la nariz, elefantes y batallas. Fue como irse a dormir a las páginas de un cuento.
.- Bundi: Capital del reino homónimo. Una maravilla…. Desde mi habitación se veía el palacio, que al anochecer abandonaban los vampiros en densos nubarrones. Recuerdo los monos causando destrozos en cada casa y cada esquina. Y recuerdo el Sukh Mahal, donde Rudyard Kipling escribió “Kim de la selva”. Su escritorio también miraba a un lago. Volví a sentir envidia…
.- Kota: Hasta el siglo XVII esta ciudad perteneció al reino de Bundi, pero en 1624 se independizó para crear un estado autónomo. En su palacio se encuentra una de las mejores colecciones de miniaturas rajastanís (pinturas como las de la habitación de Chittorgargh, pero en pequeñito) Pasé una hora entera viendo fotografías de los últimos marajás, incluidas aquellas de la “Cámara de los Príncipes”, la reunión anual que se inventaron los ingleses para tener controlados a todos los dirigentes indios.
.- Pushkar: Una decepción. Había turistas por todas partes, nada de historia y mucho de religión. Es un centro de peregrinaje hindú con más de 400 templos y un lago de fría belleza. Alternan los sadhus (hombres santos) con los iluminados occidentales que acuden a fumar marihuana y hacer yoga. Vomitivo.
.- Ajmer: A sólo un puñado de kilómetros de Pushkar, pero totalmente distinta. Tampoco hay historia y además es uno de los lugares sagrados para los musulmanes indios (vienen a adorar el sepulcro del santo sufí Khwaja Muin al Din Chishti, enterrado en un complejo donde se aglomeran centenares de fanáticos con barba; lo siento, sigo sin transigir con la religión) En Ajmer se encuentra el Mayo College, otro invento de los ingleses fundado en 1857 para educar a los herederos al trono de Rajastán.
.- Jodhpur: Como Udaipur es blanca, Jodhpur es totalmente azul. Hace siglos, el color azul de las fachadas indicaba que en ellas vivía un brahmán, pero poco a poco todos los habitantes de la capital de Marwar adoptaron el mismo color para sus viviendas. El casco antiguo de Jodhpur (“Tierra de la muerte”) es una experiencia fascinante hecha de laberintos azules, vacas, murales en las paredes, bazares y olor a especias. El fuerte del clan Rathore se visita sin poder cerrar la boca. Una pasada. En una sección de muro cerca de la puerta principal están las huellas de las princesas de Jodhpur: cuando el marajá moría todas sus esposas se vestían con sus mejores vestidos y salían en procesión acompañados por los músicos de corte. Antes de abandonar el palacio hundían sus manos en pintura roja y dejaban su huella en el mismo lugar en que las reinas de siglos pasados habían dejado las suyas. Minutos después todas estas mujeres ardían en la pira funeraria de su esposo para dar cumplimiento al sati, el ritual funerario que une a la perfección la estupidez de la religión con la del honor mal entendido.
.- Jaisalmer: La ciudad dorada, capital del Gran desierto de Thar. Se desmorona lentamente porque sus cimientos de arenisca no soportan el agua corriente. Cuando fue construido las mujeres caminaban seis kilómetros en busca del pozo más cercano, no tenían tiempo para pensar en alcantarillas. Sus murallas aún parecen un espejismo desde el desierto (las vi sobre un camello en pleno safari turistón) Las imagino como telón de fondo en una de las batallas descritas por Todd: al verse vencidos, los caballeros rajputas se anudaron por última vez el turbante azafrán y lanzaron una carga suicida, la última carga que siempre les impidió conocer la derrota. El honor estaba por encima de la vida.
.- Jaipur: La ciudad rosa (efectivamente, cada capital tenía su propio color) Estuve enfermo, quizás por el barullo que causan sus 5 millones de habitantes. Acostumbrado al silencio del resto del estado, su capital fue un mal broche. Sólo salva su recuerdo el hecho de que esos días ya tuviera la compañía de mis padres…
154.- Vuelve el pobre a su pobreza
El día 3 volvieron a España. Nosotros nos subimos a un tren que iba a cruzar India de norte a sur, 50 horas en un vagón de tercera que dieron para muchas reflexiones. Muchas de ellas tuvieron que ver con el dinero…
Porque para entonces yo ya había vuelto a ser pobre. En el grupo de turistas que acompañaba a mis padres había un político famoso (guardo su nombre para las conversaciones personales) que como buen político dijo muchas cosas en apenas seis días. Cuando en una de las paradas del autobús le comenté que deseaba volver a ser pobre, me puso un brazo sobre el hombro y me dijo que no fuera snob, que aquello era cinismo pequeño-burgués, que nadie podía desear la pobreza. Como de costumbre, tenía razón en la superficie. Lástima que no entendiera la intención de mi comentario.
Yo me refería a mi voluntad de desprenderme de los lujos, de todos los lujos estúpidos que me hacen sentir vacío de contenido. La primera noche en uno de esos hoteles de 5 estrellas, en Delhi, me sentí muy bien. Por primera vez en meses tenía una cama cómoda, un suelo limpio sobre el que no me importaba caminar descalzo, un baño inmaculado, televisión por cable, desayuno abundante… Sí, todo lo que un viajero puede desear. O más bien, no. Como de costumbre, tardé pocas horas en cansarme de todo aquello que un rato antes me habia hecho feliz. Se fue. Y con razón.
Porque cada vez que un trabajador me saludaba con una sonrisa yo me sentía un poco más repulsivo. Claro que no quise decirle a aquel político que yo quería ser pobre, que sólo quería una comida al día y una muerte en la calle. No, lo que quise decirle es que quería volver a mirar a la gente a la cara sin sentirme un canalla. Y durante esa semana de visitas al Taj Mahal y a Fatehpur Sikri, a mercados de alfombras y a restaurantes caros, durante todos esos días fui incapaz de devolver una sola mirada al indio comun. Porque yo era un turista, no era alguien que viaja para aprender y compartir las penas del mundo, para sentirlas como mías aunque sólo sea por un momento, no, yo no era ése, sino que era alguien venido de otro mundo para regodearme en la pobreza ajena y encontrar los precios muy baratos. Se lo dije al político tan claro como supe, pero mi oratoria estaba muy lejos de la suya.
Me entristeció despedirme de mis padres, las despedidas nunca dejan de doler y menos aquellas que ocurren en la puerta de un hotel, en la noche de un país extraño. Me dolió. Pero cuando puse pie en la estación de ferrocarriles, con apenas un movimiento, mi vida volvió a tener sentido. Quizás exagere al poner todo el valor de mi existencia en el sentido de este viaje, pero mirando por encima de mis hombros veo que no hay nada más capaz de definirme. Lo que soy, lo que valgo, es este viaje. Y este viaje vale algo cuando encarno la figura del vagabundo que sufre, cuando soy el tipo con la mochila a cuestas que no se avergüenza por tener el zapato roto. Entonces, cuando camino por calles llenas de basura y mi piel huele a desperdicios, cuando tomo el té apoyado en una farola y comparto mis galletas con un hombre cualquiera, entonces y sólo entonces, cuando me ducho con agua fría, cuando paso dos días sin comer, cuando visto la misma ropa manchada de sudor durante una semana, cuando me privo y me fuerzo, cuando me exijo, cuando me llevo al límite y olvido lo que significa el lujo, entonces y sólo entonces es cuando mi vida (y este viaje) tienen algún sentido. Porque, qué sentido puede tener una vida que se entrega generosamente a la errancia si esa errancia no es sincera. Tengo mi horizonte lleno de dudas que ondean como banderas, pero tengo algunas certidumbres: yo no soy un turista. El turismo esat bien para las vidas que caminan por otros derroteros, no para la mia que solo se sustenta con el alimento de los viajes.
Todo esto fue lo que no entendió el político y lo que me temo que nadie entiende. Para ellos, para el mundo que está ahí fuera, yo no soy más que un turista. Se equivocan. Yo vivo porque camino, por lo menos hasta hoy, y camino porque sigo buscando las metas de mi vida. Y me temo que hasta que no las encuentre seré un vagabundo enfrentado a la pobreza. Será duro… Es duro… pero cada vez que me miro al espejo sé que estoy viendo a un hombre honesto. Algún día se acabará este viaje y con él todos los viajes, me convertiré en otra persona que quizás recuerde con cariño los días de vagabundo. Seré quien tenga que ser. Pero sea quien sea jamás olvidaré lo poco que he aprendido a lo largo de mis viajes: el verdadero valor de las cosas, la estupidez de cualquier lujo.
P.D: A pesar de todos mis problemas morales, esa semana fue muy divertida. Ojalá vuelva a cruzarme pronto con mis padres, a los que dediqué el resto de reflexiones en aquel vagón de tercera.