Y antes de cerrar otros capitulos, acabemos de una vez con India. Porque si no ya no podre sacudirme el fantasma de dientes enrojecidos por el betel que me persigue en algunas noches de insomnio. Me digo una y otra vez, escribe ya lo de Calcuta y asi puedes viajar con calma, sin que yo, es decir, la voz de la conciencia, tenga que venir a visitarte acompanyada del fantasma de dientes rojos que escupe por el camino la saliva como sangre que huele a tabaco y a tierra humeda. Esto me digo todas las noches, o casi todas, porque pienso en otras cosas antes de dormirme, tengo otros fantasmas que corresponden a cada uno de los posts que no he llegado a escribir. Uno de mis fantasmas preferidos es el ultimo sha de Persia, que se rie de mi incapacidad para recrear los fastos de sus fiestas en Persepolis. Tambien se rie el rey Gyanendra del Nepal, que me visita regularmente porque sabe que aun no he escrito sobre la matanza de palacio. Como son mis fantasmas... cualquier dia escribo su epitafio.
Pero hoy me toca hablar de Calcuta y de Chennay, y por extension, como era de esperar en el libro invisible que es este blog, de la presencia historica de los ingleses en la India. Pero tranquila, voz de la conciencia, que hoy no me apetece poner fechas ni escribir manuales. Solo quiero escribir lo que vaya recordando para no aburrir al fantasma de los dientes rojos. Ni a ti, claro.
Porque se que a ti te cansan algunos pasajes de la historia. Y ademas te pones nerviosa cuando me exalto y hablo en terminos elogiosos de los descubridores, pioneros y otras gentes viajeras. Que eran unos criminales, hombre, que todos, desde el primer al ultimo mono, viajaban con la intencion de robar cuanto pudieran. Y como eres buena me perdonas algunos desmanes, como el de los portugueses en la India, porque como eran pocos no hicieron tanto danyo. Pero con los ingleses no, por ahi no paso, dices colerica.
Quizas entonces hayas sido tu la que ha guiado mis lecturas (Kanthapura, de Raja Rao y Dias Birmanos, de George Orwell) para reconducir mi entusiasmo. Porque he de confesarte que despues de pasar por Madras (hoy llamada Chennai) y Calcuta (Kolkatta) acabe bastante hechizado por los dias del colonialismo britanico en India. Siempre supe de su vileza, no te exaltes. Pero es que hay algo dentro de mi que se emociona con las pequenyas historias que cabalgan a lomos del colonialismo europeo. Vamos, que si me hablas de Robert Clive y de Warren Hastings te dire que eran unos asesinos de tomo y lomo, pero si me hablas de esta casa, de aquel barco, de este cuadro y este plato, si te empenyas en hablarme de esas cosas, te pondre ojitos de cordero y no me podre resistir. Aunque tu no me hablaras de estas cosas, claro, tu que eres la voz de la conciencia.
Pero basta ya de hablar de ti. Hablemos de los ingleses en la India. O por lo menos, de los ingleses que yo conoci. Hablemos de William Charles Owen, caballero de los husares, que murio mientras cargaba al enemigo en la batalla de Raiwand (Afganistan) cuando tenia 32 anyos. O de Henry Montgomery, filantropo y juez que cayo en la defensa de Lucknow ante los cipayos rebelados en 1857. No me digas que no te emociona escuchar el nombre de Herbert Bruce que murio en Suez en su viaje de regreso a Inglaterra tras 24 anyos de servicio en India. Como murieron todos los pasajeros del vapor Camorta en un ciclon frente a las costas de Birmania el 5 de enero de 1902.
Pero hoy me toca hablar de Calcuta y de Chennay, y por extension, como era de esperar en el libro invisible que es este blog, de la presencia historica de los ingleses en la India. Pero tranquila, voz de la conciencia, que hoy no me apetece poner fechas ni escribir manuales. Solo quiero escribir lo que vaya recordando para no aburrir al fantasma de los dientes rojos. Ni a ti, claro.
Porque se que a ti te cansan algunos pasajes de la historia. Y ademas te pones nerviosa cuando me exalto y hablo en terminos elogiosos de los descubridores, pioneros y otras gentes viajeras. Que eran unos criminales, hombre, que todos, desde el primer al ultimo mono, viajaban con la intencion de robar cuanto pudieran. Y como eres buena me perdonas algunos desmanes, como el de los portugueses en la India, porque como eran pocos no hicieron tanto danyo. Pero con los ingleses no, por ahi no paso, dices colerica.
Quizas entonces hayas sido tu la que ha guiado mis lecturas (Kanthapura, de Raja Rao y Dias Birmanos, de George Orwell) para reconducir mi entusiasmo. Porque he de confesarte que despues de pasar por Madras (hoy llamada Chennai) y Calcuta (Kolkatta) acabe bastante hechizado por los dias del colonialismo britanico en India. Siempre supe de su vileza, no te exaltes. Pero es que hay algo dentro de mi que se emociona con las pequenyas historias que cabalgan a lomos del colonialismo europeo. Vamos, que si me hablas de Robert Clive y de Warren Hastings te dire que eran unos asesinos de tomo y lomo, pero si me hablas de esta casa, de aquel barco, de este cuadro y este plato, si te empenyas en hablarme de esas cosas, te pondre ojitos de cordero y no me podre resistir. Aunque tu no me hablaras de estas cosas, claro, tu que eres la voz de la conciencia.
Pero basta ya de hablar de ti. Hablemos de los ingleses en la India. O por lo menos, de los ingleses que yo conoci. Hablemos de William Charles Owen, caballero de los husares, que murio mientras cargaba al enemigo en la batalla de Raiwand (Afganistan) cuando tenia 32 anyos. O de Henry Montgomery, filantropo y juez que cayo en la defensa de Lucknow ante los cipayos rebelados en 1857. No me digas que no te emociona escuchar el nombre de Herbert Bruce que murio en Suez en su viaje de regreso a Inglaterra tras 24 anyos de servicio en India. Como murieron todos los pasajeros del vapor Camorta en un ciclon frente a las costas de Birmania el 5 de enero de 1902.
Todos ellos estan enterrados en el cementerio de la Catedral de San Pablo en Calcuta, donde los ventiladores de principio de siglo ya no giran en el aire, sobre los bancos de madera, para no escampar el aroma colonial que ha quedado sobre ellos. Y podria hablarte de mas, de los que murieron en Mesopotamia, en Butan o en el mar de China y que volvieron a Calcuta envueltos en la bandera de San Jorge para recibir cristiana sepultura.
Muertos de uniforme y muertos civiles, que yacen en el cementerio de la calle Park, tambien en Calcuta, un rincon umbrio que ve caer las losas como si fueran en hojas en otonyo. Venga, no lo niegues, tu estuviste conmigo en aquellas calles de tierra, leyendo una a una las lapidas de losjovenes que murieron en Calcuta atrapados por la fiebre. Chicas de 20 anyos que se acababan de casar, pilotos, viudas, jueces, la poblacion civil de la Calcuta inglesa esta enterrada alli. Tambien te vi temblar.
Pero no, no te voy a convencer, porque tienes toda la razon. A pesar del misticismo que envuelve el paso de los ingleses por India (250 anyos de Raj) no se puede olvidar que casi todos ellos fueron unos canallas. Cierto que a fin de cuentas no fueron peores que los emperadores mogoles, los marajas o los sultanes. Pero no sere yo el que disimule su racismo y su avaricia, ni el que omita los poblados de barracas en los que se hacinaban los indios tras las calles coloniales de la ciudad. Ya tengo experiencia en esto: los espanyoles en America, los portugueses, los rusos, los chinos, los turcos...
Pero por cierto, donde esta el fantasma de dientes rojos que te acompanyaba?
Muertos de uniforme y muertos civiles, que yacen en el cementerio de la calle Park, tambien en Calcuta, un rincon umbrio que ve caer las losas como si fueran en hojas en otonyo. Venga, no lo niegues, tu estuviste conmigo en aquellas calles de tierra, leyendo una a una las lapidas de losjovenes que murieron en Calcuta atrapados por la fiebre. Chicas de 20 anyos que se acababan de casar, pilotos, viudas, jueces, la poblacion civil de la Calcuta inglesa esta enterrada alli. Tambien te vi temblar.
Pero no, no te voy a convencer, porque tienes toda la razon. A pesar del misticismo que envuelve el paso de los ingleses por India (250 anyos de Raj) no se puede olvidar que casi todos ellos fueron unos canallas. Cierto que a fin de cuentas no fueron peores que los emperadores mogoles, los marajas o los sultanes. Pero no sere yo el que disimule su racismo y su avaricia, ni el que omita los poblados de barracas en los que se hacinaban los indios tras las calles coloniales de la ciudad. Ya tengo experiencia en esto: los espanyoles en America, los portugueses, los rusos, los chinos, los turcos...