viernes, febrero 27, 2009

163.- Chennai y Calcuta

Y antes de cerrar otros capitulos, acabemos de una vez con India. Porque si no ya no podre sacudirme el fantasma de dientes enrojecidos por el betel que me persigue en algunas noches de insomnio. Me digo una y otra vez, escribe ya lo de Calcuta y asi puedes viajar con calma, sin que yo, es decir, la voz de la conciencia, tenga que venir a visitarte acompanyada del fantasma de dientes rojos que escupe por el camino la saliva como sangre que huele a tabaco y a tierra humeda. Esto me digo todas las noches, o casi todas, porque pienso en otras cosas antes de dormirme, tengo otros fantasmas que corresponden a cada uno de los posts que no he llegado a escribir. Uno de mis fantasmas preferidos es el ultimo sha de Persia, que se rie de mi incapacidad para recrear los fastos de sus fiestas en Persepolis. Tambien se rie el rey Gyanendra del Nepal, que me visita regularmente porque sabe que aun no he escrito sobre la matanza de palacio. Como son mis fantasmas... cualquier dia escribo su epitafio.
Pero hoy me toca hablar de Calcuta y de Chennay, y por extension, como era de esperar en el libro invisible que es este blog, de la presencia historica de los ingleses en la India. Pero tranquila, voz de la conciencia, que hoy no me apetece poner fechas ni escribir manuales. Solo quiero escribir lo que vaya recordando para no aburrir al fantasma de los dientes rojos. Ni a ti, claro.
Porque se que a ti te cansan algunos pasajes de la historia. Y ademas te pones nerviosa cuando me exalto y hablo en terminos elogiosos de los descubridores, pioneros y otras gentes viajeras. Que eran unos criminales, hombre, que todos, desde el primer al ultimo mono, viajaban con la intencion de robar cuanto pudieran. Y como eres buena me perdonas algunos desmanes, como el de los portugueses en la India, porque como eran pocos no hicieron tanto danyo. Pero con los ingleses no, por ahi no paso, dices colerica.
Quizas entonces hayas sido tu la que ha guiado mis lecturas (Kanthapura, de Raja Rao y Dias Birmanos, de George Orwell) para reconducir mi entusiasmo. Porque he de confesarte que despues de pasar por Madras (hoy llamada Chennai) y Calcuta (Kolkatta) acabe bastante hechizado por los dias del colonialismo britanico en India. Siempre supe de su vileza, no te exaltes. Pero es que hay algo dentro de mi que se emociona con las pequenyas historias que cabalgan a lomos del colonialismo europeo. Vamos, que si me hablas de Robert Clive y de Warren Hastings te dire que eran unos asesinos de tomo y lomo, pero si me hablas de esta casa, de aquel barco, de este cuadro y este plato, si te empenyas en hablarme de esas cosas, te pondre ojitos de cordero y no me podre resistir. Aunque tu no me hablaras de estas cosas, claro, tu que eres la voz de la conciencia.
Pero basta ya de hablar de ti. Hablemos de los ingleses en la India. O por lo menos, de los ingleses que yo conoci. Hablemos de William Charles Owen, caballero de los husares, que murio mientras cargaba al enemigo en la batalla de Raiwand (Afganistan) cuando tenia 32 anyos. O de Henry Montgomery, filantropo y juez que cayo en la defensa de Lucknow ante los cipayos rebelados en 1857. No me digas que no te emociona escuchar el nombre de Herbert Bruce que murio en Suez en su viaje de regreso a Inglaterra tras 24 anyos de servicio en India. Como murieron todos los pasajeros del vapor Camorta en un ciclon frente a las costas de Birmania el 5 de enero de 1902.
Todos ellos estan enterrados en el cementerio de la Catedral de San Pablo en Calcuta, donde los ventiladores de principio de siglo ya no giran en el aire, sobre los bancos de madera, para no escampar el aroma colonial que ha quedado sobre ellos. Y podria hablarte de mas, de los que murieron en Mesopotamia, en Butan o en el mar de China y que volvieron a Calcuta envueltos en la bandera de San Jorge para recibir cristiana sepultura.
Muertos de uniforme y muertos civiles, que yacen en el cementerio de la calle Park, tambien en Calcuta, un rincon umbrio que ve caer las losas como si fueran en hojas en otonyo. Venga, no lo niegues, tu estuviste conmigo en aquellas calles de tierra, leyendo una a una las lapidas de losjovenes que murieron en Calcuta atrapados por la fiebre. Chicas de 20 anyos que se acababan de casar, pilotos, viudas, jueces, la poblacion civil de la Calcuta inglesa esta enterrada alli. Tambien te vi temblar.
Pero no, no te voy a convencer, porque tienes toda la razon. A pesar del misticismo que envuelve el paso de los ingleses por India (250 anyos de Raj) no se puede olvidar que casi todos ellos fueron unos canallas. Cierto que a fin de cuentas no fueron peores que los emperadores mogoles, los marajas o los sultanes. Pero no sere yo el que disimule su racismo y su avaricia, ni el que omita los poblados de barracas en los que se hacinaban los indios tras las calles coloniales de la ciudad. Ya tengo experiencia en esto: los espanyoles en America, los portugueses, los rusos, los chinos, los turcos...

Pero por cierto, donde esta el fantasma de dientes rojos que te acompanyaba?

162.- Bangkok - Yangon

Bangkok, cinco de la tarde. Por primera vez en las ultimas cuatro semanas me acerco a la ventana de mi blog para escribir. Ha pasado el tiempo. El aire acondicionado del locutorio disimula el calor agobiante de la ciudad, a la que todavia no conozco. Creo que nunca conocere el verdadero rostro de este monstruo de seis millones que acoge en un punyado de calles a miles de turistas occidentales y japoneses. Odio esta cara de Bangkok. La companyia de Sandra y Murat, el gran Murat Mehmet, hacen mas que soportable el barullo y la estupidez de Khao San Road. Pero todavia paso las noches discutiendo con el turco cuales son los encantos de esta ciudad, por que me siento vacio en las calles de Bangkok. Son los temas de siempre. De vez en cuando, rodeado de putas y travestis en busca de clientes, hablamos de Myanmar. Es un puerto seguro donde anclar la conversacion.
Birmania, Burma... de verdad he estado alli? La velocidad de Bangkok corre por mis venas sin que yo pueda evitarlo y aunque solo hace tres dias que cruce la frontera, el recuerdo de mis dias birmanos amenaza con desaparecer bajo las luces de neon y el estrepito de los altavoces. Por eso las conversaciones con Murat resultan un paliativo. Como tambien lo resultan estas lineas garabateadas a media tarde. Tengo a mano mi cuaderno con las notas tomadas en las ultimas tres semanas y Sandra revisa una a una las fotografias del lago, las montanyas, los templos, aquel monasterio donde dormi, las calles coloniales de la vieja Rangun, la colina de Sagain, la magia eterna de Bagan. Pero no son suficiente. Ni el turco, ni las fotos, ni mis notas ni las palabras que voy escribiendo al buen tuntun son suficientes para hacerme evocar la verdadera magia del pais.
Recupero del bolsillo camuflado tras las tapas de mi cuaderno una vieja fotografia que le compre a un anticuario de Yangon. Es una copia pequenya, de apenas cinco centimetros, en blanco y negro, con una mancha amarillenta en la esquina inferior izquierda. Estoy forzando el sortilegio, lo se. En el breve espacio de la fotografia tres monjes budistas me miran con fijeza, quizas se esten preguntando que hacen ellos aqui, tan lejos de la olla de cobre donde duermen los protagonistas de todas las fotografias que no compre. El monje del centro es el mas alto de los tres, tambien parece el mas viejo. Tras ellos, se adivina una pagoda dorada, una de las miles de pagodas que brotan de los suelos de Myanmar con su forma de campanilla. No veo la parte superior de la estructura, solo ha sido captado el vientre redondeado del templo, donde el sol de mediodia incide con crueldad. Entre los monjes y el templo hay una cuerda tendida entre dos arboles invisbles, una cuerda que recorre todo el espacio de la fotografia para perderse mas alla de los margenes laterales. Aunque estudio la copia con detenimiento, no puedo saber si lo que cuelga de la cuerda es ropa secandose al sol o mandalas de colores. Nunca sabre donde esta tomada la fotografia. Nunca conocere la historia intima de estos tres monjes que me son completamente ajenos, pero el hecho de mirarlos, este forzado sortilegio de cinco minutos en los que escribo mientras observo la pequenya fotografia compensa todas las ignorancias. Gracias a los tres monjes anonimos estoy regresando a Myanmar.
A Myanmar que es un pais aislado y clavado en el tiempo, un pais sujeto entre las manos de una cupula militar desde hace casi cincuenta anyos. El tiempo parece detenido en Myanmar. No creo que hayan cambiado mucho las cosas desde aquel remoto dia en que se tomo la fotografia de los monjes y el dia en que yo aterrice en el aeropuerto de Yangon procedente de Calcuta. La misma dictadura, las victimas de siempre a bordo de un carro de madera.
El golpe de estado original ocurrio en 1962 y fue protagonizado por el general Ne Win, quien se las apanyo criminalmente para mantenerse en el poder hasta finales de los anyos 80, en que la presion de la poblacion civil y el bloqueo de la Union Sovietica coincidieron en el tiempo para socavar la autoridad de aquel milico metido a salvapatrias. Por un momento parecio que todo iba a cambiar. Aung San Su Kyi, hija del famoso heroe de guerra Bogyoke Aung San, lidero una coalicion de partidos democratas que arraso en las primeras elecciones libres en Birmania. Ocurrio en el anyo 1990, pero fue solo un momento.
Los herederos del retirado general Ne Win se adelantaron al escrutinio para arrestar a los miembros de la coalicion, que fueron desapareciendo uno a uno de las calles de Yangon y Mandalay para ocupar su puesto en las celdas y los centros de tortura. El momento habia pasado; durante algunos meses el reloj del tiempo habia vuelto a correr para la sociedad birmana, pero sus agujas volvieron a detenerse poco despues. La Junta Militar recupero el modelo dictatorial de Ne Win, que incluia la tortura, el asesinato, la limpieza etnica, la planificacion economica, el aislamiento internacional, la idealizacion del campesinado y, en ultima instancia, la pobreza universal. En 2009 todavia siguen en el poder.
Fueron ellos, los malvados censores del regimen, los que impidieron que escribiera en mi blog mientras estuve en Myanmar. Si en aquellas tres semanas hubiera podido encontrar esta pagina, entonces habria dado rienda suelta a mis sentimientos, imbuidos del espiritu notarial con el que recopilo detalles y visiones. Pero no pude. La libertad de expresion no existe en Myanmar y si, ya se que tengo las paginas de mi cuaderno llenas de palabras, pero sus paginas son solo mias. Y no son suficientes para atrapar los secretos de mi estancia en el pais.
Por eso me he hecho la siguiente promesa: mientras este en Bangkok pondre al dia este blog. Llevo semanas guardando mis balas y ha llegado el momento de ponerme a disparar. Hablare de todo lo que ellos quieren ocultar. Hablare del ciclon Nargis, de los rohingya, de la corrupcion y del cinismo. Y con cada palabra que escriba en los proximos dias estare cerrando debidamente mi viaje a Myanmar. De momento, es una herida abierta, un coito interrumpido. Estoy en Bangkok, el colmo de la vacuidad, y mi cabeza sigue en Yangon. Tengo dos dias para volver a aterrizar.

P.D: Ya he comido saltamontes y gusanos, ya me he hecho un masaje thailandes y tambien he ido a los burdeles para ver a las chicas que escupen pelotas de pin-pon. Ya he hecho casi todas las cosas que se esperan de un turista en Bangkok. Era un tramite inevitable.