sábado, abril 25, 2009

179.- La pereza en Hue

Nos vamos de Hue en el autobus de las cinco. Parece que va a llover, lo que quizas complique un poco el viaje por carretera. Esperemos que no: son doce horas hasta Ninh Binh y quiero dormir tranquilo. La verdad es que me quedaria un dia mas en esta ciudad donde me siento tan bien, pero el calendario aprieta. El siete de mayo entramos en China y todavia estamos lejos de Hanoi, asi que no hay mas remedio: autobus nocturno, cena en un restaurante de carretera, el frio del aire acondicionado... Y un dia menos.
Hoi An y Hue son las ultimas ciudades que hemos visitado en el centro de Vietnam. La primera fue entre los siglos XVII y XIX un renombrado puerto comercial conocido en Europa como Faifo. Ademas de los barcos portugueses, franceses y espanyoles que le dieron fama en el viejo continente, en Hoi An atracaron habitualmente las flotas mercantes de Corea, China y Japon, que fueron las que finalmente establecieron puesto fijo en la ciudad. En aquellos anyos Hoi An encarno el mito del exotico puerto oriental, enriquecido con las pagodas y las salas de reuniones que las congregaciones chinas fueron construyendo junto al rio. La construccion del puente cubierto y las magnificas mansiones de los comerciantes completaron el embellecimiento definitivo de Hoi An.
Sin embargo, a finales del siglo XIX el caudal del rio Thu Bon disminuyo de manera exagerada, lo que conllevo el abandonamiento del puerto en beneficio de la vecina localidad de Danang. La porcelana vietnamita, la seda, el te, el papel, la madreperla y la pimienta emprendieron su viaje por el mar de China desde un muelle que ya no era el de Hoi An. Y asi la ciudad fue quedando abandonada a su bostezo, que quedo suspendido en el tiempo hasta la actualidad. Hoy Hoi An es una pieza de museo que se inunda cuando llueve, una cajita de musica ribeteada de dragones de yeso en los alfeizares, envuelta en el humo del incienso, una maravilla coqueta y diminuta que se paladea junto a su magnifica gastronomia local.

Solo tres horas al norte se encuentra Hue, la capital imperial de la dinastia Nguyen (1804-1945) Desde Hue escribo ahora, en este sabado sin ruido de motocicletas en el que los hombres salen a beber cerveza. Un sabado un poco mustio y casi gris... en el que descubro que no me apetece escribir. Me quedo colgado en todas las distracciones que pasan ante mi vista y me sorprendo al pensar que "a ver si acabo esto de una vez". Asi que mejor lo dejo para otro dia, un dia en el que me apetezca hablar de los emperadores, su corte de mandarines, las tumbas descomunales que se construyeron a orillas del rio del Perfume, la Ciudad Prohibida Purpura, los pabellones de lectura, los jardines de bonsais, los estanques con flores de loto, los libros de seda y las fotografias en blanco y negro que algun que otro frances le saco a un mundo que estaba desapareciendo. Si algun dia me apetece volvere a hablar de ellos. Pero hoy no. Hoy ni siquiera me apetece subir a ese maldito autobus...

P.D: No es nada, solo pereza. Ha venido con este sabado que parece sacado de algun otonyo pasado. Y quizas nostalgia. Lo que de verdad me apeteceria hoy es ver una peli mientras llueve en la tarde, apartar un poco la cortina de mi habitacion para comprobar que sigue lloviendo sobre el patio de los vecinos, leer y por la noche echarme en el sofa para ver el maldito partido de futbol que hoy no vere, y despues salir a tomarme unas cervezas con los amigos a los que hoy tampoco vere. Me acabo de acordar de una cancion de Los Planetas ("Un buen dia")... supongo que la buscare en el Ipod para entretener el viaje en la carretera.

martes, abril 21, 2009

178.- Montagnards

De entre las paginas de mi cuaderno resucita el general Vang Pao, a quien ya daba por perdido. Y es que en Vietnam es imposible dar dos pasos sin toparse con algun que otro recuerdo de la guerra con los americanos. Estan los tuneles de Cu Chi y de Vinh Moc, las bases americanas (como la de Khe Sanh), el palacio de la Reunificacion de Saigon, los tanques y los cazas expuestos en museos al aire libre, monumentos a los caidos, cementerios, la hoz y el martillo en banderas que ondean en todos los edificios oficiales, los escenarios de batallas famosas, los documentales a todas horas en la television publica, los mecheros y balas que venden como souvenirs en cada esquina, los libros que analizan el conflicto, el careto de Ho Chi Minh y en cada pueblo la estatua del Tio Ho, los crateres provocados por los B-52 en los campos de arroz, las aldeas heroicas... un no parar.
Y claro, ante semejante orgia nacionalista, al general Vang Pao le ha vuelto la sangre a las venas. Y aqui esta ahora, con todos nosotros.
El general Vang Pao nacio en Laos en 1931 y pertenece a la comunidad Hmong, una de las etnias minoritarias que habitan las montanyas de Tailandia, Laos y Vietnam. Estas etnias, que se cuentan por decenas, han sido tradicionalmente maltratadas por los gobiernos centrales del sudeste asiatico (ya hablamos aqui de los shan) e incluso actualmente la situacion de muchas de ellas supone el principal borron en la cuenta de los derechos humanos en la region. A los hmong, como a tantos otros, se les niegan las ayudas, se les confina en la montanya y se les trata de aculturizar. Es un proceso complejo motivado por la diferencia racial.
Por eso el general Vang Pao, que participo activamente en las dos guerras de Indochina, siempre estuvo en el bando occidental. Primero junto a los franceses para impedir el avance del Viet Minh, y despues como comandante en jefe del Ejercito Secreto, una fuerza armada y entrenada por la CIA en el marco de la "Guerra Secreta" que llevo a cabo en Laos y Camboya. Hasta 1975 este ejercito formado por hmong y otros montagnards (llegaron a ser 39.000), como les llamaban los franceses, sostuvo el avance del Pathet Lao y del Vietcong sobre Vientiane. Hasta que se rindio la capital.
El manoseo de las contradicciones internas llevado a cabo por los americanos (tambien aqui hablamos de Savang Vatthana, el ultimo rey de Laos) en busca de aliados temporales tambien se sufrio en Vietnam.
Aqui el ejercito de parias se llamo FULRO (Frente Unido para la Lucha por las Razas Oprimidas) Utilizados por los americanos y odiados tanto por comunistas como por sudvietnamitas, el FULRO jugo el papel del iluso que cree que uniendose a los americanos obtendra sus pretensiones: a saber, devolucion de las tierras ancestrales y libertad de practica religiosa (los montagnards mantienen sus practicas animistas). Pero no.
A ellos tambien les abandono la CIA cuando sus agentes salieron volando en helicoptero del cenagal vietnamita. En 1975, los guerrilleros del general Vang Pao y los del FULRO se enfrentaron a una misma realidad: las represalias.
El gobierno norteamericano no movio un solo dedo para ayudar a sus antiguos socios de guerra, por lo que los nuevos gobiernos comunistas lo tuvieron facilisimo para llevar a cabo sucesivas campanyas de limpieza etnica. Es un milagro que todavia hoy los hmong y sus vecinos (bahnar, dzao, muong...) sobrevivan en las montanyas, pues las politicas de Hanoi y Vientiane respecto a los montagnards apenas han cambiado.

Y el general Vang Pao? Bien, aqui esta la salsa de esta historia. En 1975 el fue uno de los pocos que logro subirse a un helicoptero americano con rumbo a Tailandia. Alli, el gran lider de los hmong, subio a un avion que le llevo hasta California, donde vivio en un relajado exilio hasta el anyo 2007. No, todavia no esta muerto. Aquel anyo, con 78 anyos y dos guerras sobre las espaldas, el general Vang Pao desempolvo su uniforme militar y se unio a una pandilla de conspiradores y traficantes de armas que planeaban un golpe de estado en Laos. Las intenciones de sus socios eran liquidar al gobierno y colocar en el palacio presidencial de Vientiane a un titere que no obstaculizara la produccion de opio en el pais. Una vez mas el general Vang Pao se equivoco diciendose a si mismo que quiza el golpe de estado fuera bueno para sus hermanos hmong (legendarios cultivadores de opio, por otra parte). Cayo en el mismo error treinta anyos despues.
El 4 de junio de 2007 el Departamento de Justicia de Estados Unidos ordeno la detencion del anciano Vang Pao y de sus 9 compinches, entre ellos un militar americano que planeaba reclutar a veteranos de guerra para la supuesta invasion de Laos.
Los 9 conspiradores todavia siguen en prision. En cambio el general Vang Pao siguio cumpliendo con su destino: el 12 de julio de 2007 recibio el indulto de la Corte Federal de California por los servicios prestados, en lo que suponia la repeticion de los hechos de 1975: Vang Pao salvo el pellejo mientras el resto de la comunidad hmong recibio las represalias pertinentes.
Supongo que hoy estara sentado en el porche, viendo pasar la tarde, preguntandose tal vez cuales fueron sus errores.

domingo, abril 19, 2009

177.- La hora de la cena

Una de las cosas que voy a echar de menos cuando este viaje termine es la hora de la cena. Es una maravilla que cada noche exija salir a cenar fuera, una especie de aventura que unas veces acaba bien y otras... pues no tanto. Hoy ha sido fenomenal: tortilla de camarones envuelta en papel de arroz, rosas blancas de Hanoi (gambas envueltas en algodon de arroz y mojadas con ajo y salsa de soja) y calamares en salsa agridulce. Es delicioso solo con recordarlo. Y aprovechando que la conexion a internet es gratuita en este hotel y que la digestion es liviana como el humo, voy a tratar de recordar los ingredientes que en las ultimas semanas componen nuestra dieta. Asi de primeras me vienen a la cabeza:

La rata de arrozal, los intestinos de cerdo, los huevos de pato y el embrion de pato, la anguila, el vino de serpiente, las ancas de rana y el cocodrilo... Aunque no todo es tan raro ni tan provocador. Comemos pescado de vez en cuando, envuelto en papel de arroz o en una hojas verdes que luego se mojan en salsa. Y el eterno arroz. Casi siempre comemos arroz frito con verduras o con algo de carne. Y tambien sopa de fideos, que de vez en cuando resultan ser fideos de arroz. De vez en cuando nos deleitamos con la infinita variedad de rollitos de primavera, rellenos de cangrejo, gambas o ternera. Y si sigo recordando, es necesario mencionar la sopa de Camboya, servida sobre un hornillo con el que los comnensales cocinan el caldo a su gusto. Y los fideos envueltos en tortilla de Tailandia, tambien los inefables curris de coco. Bebemos cafe con hielo y la fruta mas habitual es la banana, aunque tambien comemos pinya, mango y la pulpa amarilla de esa fruta enorme envuelta en pinchos que parece un erizo. En los mercados venden sandias, lichis, manzanas tropicales y tamarindos. Huele a pescado: camarones secos, sepia, calamares deshidratados, ostras, mejillones... estamos en Vietnam. A veces bebemos jugo de canya de azucar, exprimido al momento, y por la calle venden delicias como tortitas de arroz o platano frito. Por las noches, en todas las cenas, transpiramos abundantemente, efecto que tratamos de compensar con cerveza fria de cualquier etiqueta (Chang, Singha, Beerlao, Angkor, Tiger, Saigon, 333...) Y nos desayunamos baguettes y cruasanes a la salud del pasado colonial de Indochina. Mucho coco para beber y te con hielo. Venden bocadillos de pate local y de queso cremoso con tomates verdes, cebolleta y pimienta. El cangrejo es caro, pero su carne siempre aparece en algun u otro plato. En los viajes nos alimentamos de galletas, zumos y platanitos. Ahora recuerdo las bolas de pescado del senyor Lashio (Mandalay) y las salchichas de grasa de cerdo omnipresentes en Tailandia. Sandra disfruta con los helados almendrados. Y arroz, arroz, mucho arroz. Fideos de arroz y el maravillos arroz pegajoso de Laos. Nada mejor que un arroz frito convenientemente regado con salsa de soja. El pollo es caro y no necesariamente delicioso...

Acabo de cenar y ya vuelvo a tener hambre...

176.- Un muerto en la carretera

Ayer vi un muerto en la carretera, fue mi primera vez. Cierto que en el pasado fui el unico testigo del suicidio de una vecina que se arrojo al vacio desde el atico. Pero de aquello ya hace mucho tiempo. El muerto de ayer, en cambio, pertenece al presente.
Yo estaba en un autobus, camino de Hoi An por la carretera de la costa que circula serpenteante frente al mar. Ya era de noche y en las montanyas centrales del Vietnam, al otro lado de la ventanilla, relampagueaba de forma que la silueta de las cimas aparecian de vez en cuando recortadas contra el cielo. Fue a la altura de Nha Trang, un concurrido balneario de playa. En la carretera, rodeado de mirones, yacia un muerto.
Estaba estirado bajo una manta que alguien habia colocado sobre su cuerpo, la cara, las facciones rigidas de la muerte, quedaban al descubierto. Era un chico joven, con el pelo negro sobre una frente clara y despejada. Y estaba muerto. Junto a el estaba el cadaver de su motocicleta y entre ellos un manojo de flores que alguien se habia apresurado a traer. No recuerdo si en aquel momento, mientras el autobus pasaba lentamente junto al cadaver, relamapagueo sobre las montanyas. Pero si que recuerdo la luz que caia de las farolas sobre la escena funebre. Decenas de personas miraban al muerte desde ambos lados de la carretera, mientras tres policias hablaban despreocupados junto al cadaver.
Uno de los viajero del autobus se pego a la ventanilla para poder verlo todo con mas detalle. Tambien era joven y tambien tenia el pelo negro, alborotado sobre una frente clara. Habia cierto parecido entre los dos chicos, lo que anyadio un algo inquietante al episodio. Y alli estaba el muerto, que apenas unos minutos antes se habia estrellado contra un coche y que ahora ya no pensaba, ya no sentia, ya no aceleraba en busca de su destino.
Fue una tonteria, ya lo se. Enseguida el autobus siguio su camino y cada uno de los pasajeros que en el viajaba retomo el suenyo interrumpido por el frenazo. En las montanyas siguio relampagueando. Yo encontre el suenyo de la mano de Joan Manuel Serrat. Y el muerto quedo en la carretera.

jueves, abril 16, 2009

175.- Llueve sobre Saigon

Que manera de llover! Cae la lluvia como una cortina inclinada sobre las calles del barrio chino de Saigon, donde los vendedores de farolillos y cabezas de dragon se esmeran en recoger sus mercancias. Son las tres de la tarde. Cuando he entrado en el locutorio (un local con 40 ordenadores en los que la muchachada local se entretiene con juegos en red) hacia calor y salvo algunas nubes lejanas nada hacia pensar en una tormenta. Y sin embargo, que manera de llover!
El vendedor de arroz hervido se ha sentado junto a la puerta, con el chubasquero empapado, para cubrir sus cazuelas con trapos blancos. Los motoristas, siempre desmadrados en esta ciudad, son ahora mas prudentes y los que todavia circulan se andan con un poco mas de ojo. Truena a intervalos regulares, de vez en cuando un rayo ilumina la tarde que aun no es oscura, y cuando el toldo de la cafeteria de enfrente se llena de agua, incapaz de absorver mas lluvia, dobla una de sus esquinas para dejar caer un pequenyo chaparron sobre la acera mojada.
Me encanta la lluvia, estoy disfrutando con este momento en que la propietaria del local, con el pelo enmaranyado de agua y humedad, baja un poco la persiana, lo que no me impide seguir observando la calle desde mi ordenador en la esquina. Una mascara china, de las que utilizan en las pagodas cercanas para las celebraciones religiosas, se ha echado a perder y su propietario ha decidido abandonarla junto a la alcantarilla, que amenaza con desbordarse. Ayer hundi mi pierna derecha en uno de esos agujeros llenos de mugre... y hoy he venido hasta aqui con chinelas, imagino que volver caminando hasta nuestro barrio sera bastante dificil. Puede que vuelva en motocicleta, si es que deja de llover, claro.
De momento, mientras las gotas sigan reventando contra la calzada, permanecere en el locutorio. Quiero saber si el toldo resistira la tormenta, si la vendedora de frutas recogera los mangos y naranjas o si por el contrario seguira agazapada en aquel portal, cubierta con un plastico oscuro. Ojala no pare de llover, estoy disfrutando tanto...


P.D: Con tanta lluvia se ha colgado la conexion y he tenido que cambiarme de ordenador. Ha pasado media hora y sigue lloviendo, aunque desde aqui solo puedo escuchar la tormenta.

viernes, abril 10, 2009

174.- Mis esquinas en Phnom Penh

Ayer, como por un descuido, me vino a la cabeza que ya llevamos ocho meses de viaje. Estaba sorbiendo un cafe helado en uno de esos bares que ocupan las esquinas de Phnom Penh. Ocho meses, me repeti, pero esta vez en voz alta y Sandra, que hacia fotografias a los apostadores de la mesa de al lado, les dejo en paz por un momento y me pregunto: Perdona?
Nada, nada, me apresure a contestar. Ocho meses, pense para mi. Y segui sorbiendo cafe.
Una de las cosas que echo de menos es teclear en mi ordenador. No es que me la goce con el tacto de las teclitas, me refiero a sentarme con calma ante una pantalla en blanco y poder escribir, pero escribir de verdad, sin prisas ni interrupciones, sin calores exagerados, sin mas limitaciones que las habituales (lease aqui mi propia incapacidad)
Ahora mismo estoy pensando en ello: como me gustaria sentarme en aquella terraza granadina que miraba a la Alhambra, desde la que se escuchaban los sonidos furtivos de la calle, y alli escribir cualquier cosa. Que placer mas enorme encontraria en esa situacion. Y no me interpreten mal, no cambiaria esta noche de sudores con la poblacion africana (sorprendente en numero)de Phnom Penh. No, ni loco. Pero me gustaria relajarme de las tensiones del viaje, centrarme un poco mas en mis pensamientos, evitar las distorsiones.
Si escribiese desde aquella terraza granadina que se inundaba con las lluvias no hubiese escrito los parrafos anteriores. Porque de lo que yo queria hablar al sentarme frente a este ordenador, lo que me ha traido hasta aqui, son mis esquinas en el centro de Phnom Penh, esquinas como esa en la que ahora sorbo cafe.
Son esquinas achaflanadas, esto es muy importante. No os vayais a pensar que las calles de esta ciudad se acaban en angulo recto, no no, las esquinas de las que trato de hablaros tienen forma de chaflan (extranya palabra si uno trata de repetirla)
Pues bien, en estas esquinas achaflanadas de las calles de Phnom Penh uno se encuentra habitualmente con cafeterias y restaurantes que incapaces de limitarse a su superficie interior se desdoblan sobre la acera con varias mesas y sillas. Es una terraza, direis. Y si, lo son. Pero tras ocho meses de viaje han supuesto una revelacion. Terrazas cubiertas con un toldo de plastico colorido donde se sientan los habitantes de la ciudad para refugiarse del sol. Bravo. Acabamos ya la descripcion de mis esquinas en la capital.
Pues bien, en ellas sorbo el cafe, que es una bebida muy popular en Camboya desde los tiempos franceses. Y desde ellas, oculto entre la sombra, escruto las fachadas de la ciudad. Casi todos los edificios tienen pequenyos balcones y en casi todos ellos siempre hay alguien que, como las mesas de las cafeterias, desdobla su vivienda en el espacio publico de la calle. Me encanta verles sentados en la tumbona, abanicandose con el diario, hablando con el vecino de al lado, escuchando la radio, melodias orientales que aunque son incapaces de llegarme al alma si que consiguen completar el cuadro de las fachadas en la tarde de Phnom Penh. Y yo sorbiendo cafe, imaginando la historia oculta que se esconde detras de cada uno de esos balcones.
Porque en esta ciudad caotica, sucia, de trafico imposible, en esta ciudad que me ha conquistado como pocas en este viaje, aqui, en esta ciudad, hay miles de historias que valdria la pena escuchar. La semana que viene todas ellas cumpliran aniversario:
El 17 de abril de 1975 los jemeres rojos que acababan de conquistar la capital anunciaron que la aviacion estadounidense pretendia bombardear la ciudad. La noticia corrio de altavoz en altavoz, de chaflan en chaflan, y los 3 millones de habitantes de Phnom Penh se apresuraron a seguir los ordenes que los camaradas de Pol Pot repetian en todos los barrios. "Cojan solo lo imprescindible. Corran. Pronto podran volver".
Pero no, nadie volvio. Lo del bombardeo era una mentira que los vencedores de la guerra se habian inventado para evacuar la ciudad. Y les salio redondo. Entre los planes de Pol Pot para acelerar la conversion comunista de Camboya se encontraba la evacuacion de todas las ciudades. Con ella, otras medidas no menos idiotas: la supresion del dinero, de las relaciones familiares, de las escuelas, del calendario, de las universidades y los periodicos, de la propiedad privada, de la medicina occidental, de los partidos politicos y en ultima instancia de cualquier representacion de la libertad individual. Para el bueno de Pol Pot el hombre solo necesitaba tres artilugios para colmar su felicidad en la perfecta sociedad agraria que pronto serie el pais: un reloj de pulsera, una bicicleta y una radio de pilas. El unico pariente de cada camboyano seria el Estado.
Y asi, aquel 17 de abril, comenzo el anyo 0 de la historia. Las personas que habitaron todas las casas que hoy estudio desde mis terrazas fueron reubicadas en pueblos y aldeas del interior de Camboya, donde la mayoria murio en los tres anyos posteriores a causa de las enfermedades, el hambre o la represion del regimen. Cuando en enero de 1979 las tropas vietnamitas entraron en Phnom Penh como una bendicion encontraron una ciudad fantasma, habitada apenas por 40.000 personas que trabajaban en las pocas fabricas que no habian sido cerradas. El resto de edificios, las calles, todas las esquinas, cada uno de los balcones de la ciudad estaba vacio. Cuesta imaginar el esperpento en esta tarde en que los ninyos salen de la escuela y en la que un vendaval de motos y bicicletes recorre las calles sin parar mientes en los semaforos. Y me cuesta imaginar como fue el regreso de los escasos supervivientes, aquellos que volvieron en busca de su pasado para no encontrar mas que cenizas y puertas cerradas, pues fue el nuevo gobierno el encargado de redistribuir las viviendas entre los nuevos vecinos de Phnom Penh. A nadie se le permitio recuperar su antiguo balcon (los registros de propiedad habian sido suprimidos) y de una manera azarosa que quizas explique el encanto de esta ciudad, la capital del pais se fue poblando de nuevo hasta ocupar con familias rotas cada una de las ventanas y cada una de las esquinas en las que hoy funcionan los cafes y los restaurantes. Como esta misma esquina en la que hoy sorbo cafe con hielo, en esta tarde llena de sol que no puede entender de sombras, ni recientes ni pasadas.
Perdona, decias?
No nada, que ya llevamos ocho meses...
Y los que quedan...
Ea

domingo, abril 05, 2009

173.- Preah Vihear (2)

A un soldado camboyano se le escapo un tiro. Estas cosas pasan. Los dos ejercitos llevan varios meses acampados el uno frente al otro, haciendo guardia, sacando la cabecita por encima de la trinchera para espiar al enemigo, apuntando al monte sin esperar novedades. Y claro, es normal que de vez en cuando a uno de los soldados, sobre todo en el poco disciplinado bando de Camboya, se le escape un tiro.
El problema es que yo estoy en medio de los dos bandos visitando el templo de Preah Vihear y el disparo me coge desprevenido. Si, soy un inconsciente ya lo se. Pero aqui estoy, en la cima de la colina mientras Sandra le hace fotos a este gigante de piedra por el que se pelean Tailandia y Camboya. Ayer vimos en la tele lo del ultimo tiroteo, pero me agarre a la idea de que si realmente habia algun peligro alguien nos detendria en el camino y nos impediria subir hasta aqui. No contaba con las particularidades del bando camboyano. Aqui estoy, pues, entre las ruinas de un templo sobre el que acaba de volar una bala perdida.
Al otro lado de la puerta cincelada con un elefante de tres cabezas esta Sandra. Lo primero que se me ha ocurrido es ir a buscarla, aunque estoy seguro de que la bala no ha pasado tan cerca. Alli esta, aparece entre las piedras con cara de sorpresa, porque claro, ella tampoco esperaba aquel disparo.
Los soldados tailandeses tampoco lo esperaban pero han reaccionado mucho mas rapido. Uno, dos disparos que suenan igual de proximos o lejanos que el primero que hemos escuchado. Supongo que es la respuesta inevitable en una guerra, el dialogo de dos soldados aburridos. Aunque lo que ocurrio ayer dote a la escena de un dramatismo inesperado. Tras meses de calma, ayer los dos ejercitos estuvieron disparando durante un par de horas y cuatro soldados tailandeses perdieron la vida. No es ningua tonteria. En este frente no acostumbra a haber muertos y menos del lado de los favoritos. Asi que supongo que el soldado tailandes ha respondido tan rapido porque en el fondo si esperaba algun disparo o porque en el fondo se moria de ganas de pegar un par de tiros.
Nosotros seguimos entre las piedras. No han pasado mas de 30 segundos desde el primer disparo. Trato de tranquilizarme y tranquilizar a Sandra sin articular palabra, lo que resulta mas sencillo de lo esperado. Estamos quietos a la espera de senyales. Y la senyal aparece. Dos civiles pasan corriendo hacia la cima, encorvados en la postura del que huye de un tiroteo. Dos soldados corren en la misma direccion un poco mas alla. Joder. Corremos nosotros sin estar muy seguros de que aquello sea lo mas conveniente pero otro soldado, con un walki en la mano, aparece entre las piedras y nos senyala hacia la cima. Run, run. Reconozco que antes de que apareciera este tipo pense en hacerme el valiente y no correr en la misma direccion que los soldados por si iban a cazarlos, pero la presencia de este chaval, apenas mayor de edad, me ha acojonado por completo. Corremos y enseguida damos alcance a un vendedor de tabaco de contrabando que corre sin mucho estilo. Tra-tra-tra-tra-tra-tra. Desde el lado tailande alguien dispara una rafaga de ametralladora que esta vez si, a mi me suena muy cercana. Sandra resopla, le estiro de la manga. Joder, joder... Voy a morirme aqui? Pues vaya mierda de muerte...
Toda la secuencia no ha durado mas de un minuto. Despues de la rafaga no se oyen mas disparos y nosotros alcanzamos las tiendas de campanya que se encuentran junto al ultimo santuario de este templo construido en diferentes niveles sobre la cresta de la colina. Tranquilos, tranquilos, "here safe". Y una leche que te den. Lo mismo nos habia dicho el capitan de las unyas azules al llegar a la puerta del templo y lo mismo el soldado que nos autorizo a hacer fotografias. Le compro al vendedor de tabaco un paquete de cigarillos y descubro que en el frente los precios son muy razonables. Nos ofrecen whisky y caldo de gallina. Nos vamos calmando todos.
Los soldados vuelven a su rutina. Esto no ha sido nada, tendrias que haber estado aqui ayer. Y uno de ellos, el mas risuenyo, me acerca su camara fotografica, con la que ha grabado varios videos de la vida en la frontera. Quizas no sea el mejor remedio contra los nervios, pero igual los veo.
En uno de ellos aparece el duenyo de la camara en uno de los agujeros que he visto a lo largo de la carretera, trincheras cubiertas con sacos terreros desde la que vigilan el lado tailandes. Hay dos soldados camboyanos acurrucados contra la tierra. Y desde el reino de las sonrisas se suceden las rafagas. El otro video es puro Apocalypse Now. Un edificio en llamas cerca del mercado de Koh Muy y otro agujero en el suelo, mucho mas rudimentario, en el que se esconde una familia. Los soldados sacan a las mujeres y al abuelo del improvisado refugio y se los llevan a lugar seguro, mientras el edificio sigue ardiendo.
Le doy la camara al artista porque se esta quedando sin bateria y porque, la verdad, no me apetece ver mas. Ya no se oye ningun disparo. Esta claro que ha sido pura rutina de linea de frente, pero seguimos sentados sin decidirnos a continuar la visita. Y por el camino van pasando soldados, en moto, en camioneta, a pie. Todos nos miran con cara estranyada pero ninguno se interesa por nuestra identidad. Como es posible que haya llegado hasta aqui sin que nadie me pida el pasaporte???
Doce y media del mediodia. A la una vienen a recogernos los motoristas. Habra que ir tirando. Uno de los soldados nos dice que ya podemos bajar tranquilos pero para evitar riesgos esperamos a que el vendedor de tabaco tambien baje para cederle educadamente el flanco tailandes. Si disparan desde aquel lado... Asi de maleducados son estos turistas.
Por fin llegamos a la base del templo. Hay un grupo de soldados en posicion de descanso, uno lleva un lanzacohetes (B40) y en el suelo hay una caja de granadas de mano. Nos reciben con indiferencia. Me pongo las gafas de sol y trato de pasar inadvertido. Lastima, uno de ellos habla ingles. Son todos muy amables, simpaticos, pero me ponen en un aprieto: "Quien crees que va a ganar la guerra? Nosotros o ellos?" Y yo que se... Respondo que ni idea pero el traductor les suelta un rollo que les deja muy serios. Busco dos motos que no aparecen por el horizonte. Pero tranquilo, el final de esta historia esta cercano.
Una ranchera cargada con bidones de agua ha de bajar a Koh Muy, donde esta nuestro equipaje. Se ofrecen a llevarnos y en la necesidad de salir de alli aceptamos sin miramientos. Subimso sobre los bidones, junto a seis soldados con uniforme de camuflaje. Hola muy buenas, como estamos. Y la ranchera baja entre la linea de trincheras, que desde mi posicion elevada se revela en toda su tragedia. Hay por lo menos veinte zulos con hombres apostados, hay granadas y lanzacohetes por todos lados, en grupos de cuatro o cinco vigilan la carretera. Aunque lo peor es que el campamento tailandes esta a tiro de piedra y con mi camiseta blanca soy un blanco tan facil como improvable. Veo a los enemigos, mirandome por los prismaticos. Me pregunto que aspecto tengo y que deben estar pensando. Durante dos curvas sigo viendoles al otro lado del valle. En la tercera desaparecen y en el resto del camino hasta Koh Muy no paro de reirme y saludar a todos los soldados que me encuentro por el camino.

P.D: El fin de fiesta a un dia tan intenso fue en el porche de nuestra pension, con Kevin, el corresponsal del Cambodia Daily, y un fotografo de Reuters de nombre impronunciable. Tomamos mil cervezas mientras desfilaban ante nosotros otros tantos camiones militares. Habian llegado 6 tanques desde Siem Reap. Me quede dormido con el ruido encriptado del walki mas cercano.

172.- Anlong Veng (1)

La apertura del juicio a Kaing Guek Eav (alias Duch), el brutal carcelero de la prision S-21, nos coge en la otra punta del pais, muy lejos de la capital. Estuve planteando la posibilidad de trasladarme a Phnom Penh para husmear como estaban las cosas por alli, que interes despertaba el juicio entre la gente. Pero dado que ya me encontraba en Siem Reap y Anlong Veng quedaba mas a tiro, decidi acercarme hasta aqui.
Pero por que Anlong Veng, alguien se preguntara. Si ese es el caso, ahi va la respuesta:
Anlong Veng fue el ultimo reducto de los jemeres rojos en Camboya. No se rindio hasta 1998 y de hecho muchos de sus habitantes son antiguos militantes de la causa jemer. Alli vivio y murio el lider Pol Pot, y tambien su heredero Ta Mok. Es una aldea de un par de miles de habitantes, muy cerca de la frontera tailandesa, con un relajado ambiente de montanya y calles polvorientas que no ven a muchos turistas. Tras las multitudes de Angkor, parecia un destino ideal.
Y no nos defraudo, todo fue tan raro y tan intenso como lo habiamos deseado. Asi lo plasme hace dos dias en las paginas de mi diario:

"4 de la tarde. 3 de abril. Sandra duerme y la television camboyana emite la actuacion de un circo frances. Una mujer con gorra marinera y las piernas descubiertas juguetea con una foca frente a un publico infantil. Hace calor. Todavia no ha bajado el sol y en la calle no se oye ningun ruido. A apenas 200 kilometros de aqui las tropas de Tailandia y de Camboya intercambian disparos en la frontera, junto al templo de Preah Vihear, al que en teoria tenemos que llegar manyana. Hace unos minutos he visto algunas imagenes de archivo y las declaraciones altisonantes de varios politicos. Exactamente, no se que esta pasando alli arriba.
De momento seguimos en Anlong Veng. Tenemos problemas para comunicarnos con la gente porque nadie habla ingles. Ademas nos miran con cierto recelo que yo atribuyo a su pasado de guerrilla comunista. No es un sitio agradable. Imagino a los tipos que me cruzo envueltos en uniforme militar con el fusil al hombro, mirada dura. Cuantos de ellos habran matado a un hombre? Cuantos de ellos anyoran a Pol Pot?
Mi unico conocido en Anlong Veng no es uno de ellos. Es un chico joven (me ha repetido el nombre varias veces pero ya lo he olvidado) que tiene una motocicleta y que se gana la vida con lo que vaya saliendo. El si habla ingles. Paseabamos esta manyana junto a los campos de arroz inundados cuando nos lo hemos cruzado. Enseguida se ha ofrecido a llevarnos a visitar los "atractivos turisticos" del pueblo. Le hemos dicho que si, claro.

Un momento: Sandra ha abierto los ojos y ha tratado de despertarse, pero el calor y el peso de la siesta han podido con ella. En el televisor, seis mimos bailan breakdance. Que circo mas raro...

Vuelvo a nuestro chico. Tiene 24 anyos y huele mal, aunque yo no se lo tengo en cuenta porque se que el sudor aqui es inevitable. Es delgado, moreno, alto. Su padre, como tantos otros en Camboya, murio represaliado por los jemeres. Pero tu padre no era un jemer rojo? "No, no, que va. Nosotros llegamos aqui hace pocos anyos" (en el marco de las migraciones promovidas por el gobierno para disolver el foco de resistencia, se entiende)
Subimos montanya arriba a lomos de su motocicleta. Su hermano, de mi edad, acaba de aparecer para llevar a Sandra. A ambos lados de la carretera hay unas senyales de piedra pintadas en colores rojo y blanco. Tras el rojo sangre, hay grabada una calavera. Me explica su significado antes de que yo le pregunte: "Minas, estos campos estan minados. Quieres pasear un rato?" Y se rie mientras con una mano maneja y con la otra me aprieta la rodilla carinyosamente.
La madre de este chico no tiene piernas, las perdio al pisar una de las minas que los jemeres rojos plantaron en su retirada. Aun asi, el bromea. Se quita el casco porque esta comenzando a llover y no puede ver los baches. Hace un chasquido con la lengua, "hoy hace frio y a mi madre le doleran las piernas, cada tarde le leo un rato para entretenerla. Me encanta mi madre, podria estar todo el dia lamentandose pero siempre esta contenta".
Los campos de minas suben con nosotros a lo alto de la cima donde se encuentra la casa incendiada de Ta Mok, en la que alguien ha escrito con pintura negra: "Ta Mok, assassine de l'histoire". Las vistas desde aqui son increibles: a nuestros pies se despliega la gran llanura camboyana, los tejados de Anlong Veng son manchas de calamina que refulgen al sol del mediodia.
"Seguimos?", le pregunta a Sandra y mientras subimos a la moto le hace un gesto con la mano: "Me gusta tu nariz. Mi madre siempre me dice que hay extranjeros con la nariz larga y tu la tienes muy bonita". Sin que entienda por que, nosotros nos reimos y ahora soy yo que el que aprieta con carinyo la rodilla de Sandra.
Regresamos colina abajo para visitar el supuesto "plato fuerte" de la jornada. Es el lugar donde Pol Pot fue incinerado. Cruzamos la verja, las gallinas salen corriendo de un cercado en el que hay un tumulo cubierto con una placa de aluminio. La tierra esta revuelta y alguien ha roto una botella de alcohol contra una de las esquinas. Orgulloso, el chico muestra la placa que certifica la incineracion. A sus espaldas queda el solar donde un dia estuvo la casa del gran genocida (en otro momento hablaremos de el), aquella que tras su muerte fue saqueada por la legion de enemigos que sonyaba con asesinarle (aunque fuera metaforicamente) El ultimo recuerdo de nuestra excursion es aquel pedazo de tierra que en su dia recorrio el mundo atrapado en una pelicula.

Esta vez si, parece que Sandra va a despertarse. Los ninyos aplauden excitados a los payasos del circo frances. Todavia el cielo no esta naranja, para cuando lo este saldre en busca de cerveza. Puede que cenemos con el chico. Nos hemos despedido en la puerta del hotel cuando alguien le ha llamado por telefono. Se ha excusado antes de irse: "Es mi hermana, esta preocupada por lo que pasa en el templo"

171.- Camboya, una cronologia

Una breve cronologia para irnos entendiendo:

1945: Tras la ocupacion japonesa del sudeste asiatico, el final de la Segunda Guerra Mundial restablece el statu quo en la zona y Francia recupera sus dominios en Indochina tras una efimera independencia de Laos, Camboya y Vietnam.

1946-1952: Guerra por la independencia entre diferentes grupos y el gobierno colonial frances.

1953: Francia reconoce la independencia de Camboya

50' y 60': Anyos de bonanza economica y cierto desarrollo.

1968: Estados Unidos inicia su campanya militar en Camboya en el contexto de su intervencion en Vietnam.

1969: Apoyado por Estados Unidos, el general Lon Nol da un golpe de estado y toma el control del pais. Su ferrea postura anticomunista es una garantia para los norteamericanos.

1975: Dos semanas antes de la definitiva caida de Saigon, el grupo comunista conocido como Jemeres Rojos conquista Phnom Penh y proclama el advenimiento del anyo 0 de la historia. Comienza el experimento social (Kampuchea Democratica) dirigido por el inefable Pol Pot.

1978: Tras una serie de encontronazos fronterizos, tropas vietnamitas ocupan Camboya y en 17 dias toman control de casi todo el pais. Parte de la cupula de los jemeres rojos deserta y se une a los vietnamitas. Los hombres leales a Pol Pot se retiran hacia las provincias occidentales, desde donde inician su resistencia en forma de guerrilla.

1978-1991: Apoyados por Estados Unidos y Tailandia, los jemeres rojos prolongan durante mas de una decada su enfrentamiento al nuevo gobierno camboyano, apoyado por Vietnam. A pesar de que en 1978 ya se hacen publicas las masacres cometidas entre 1975 y 1978, Naciones Unidas y los paises occidentales mantienen su apoyo a la organizacion comunista.

1991: Naciones Unidas, tras alcanzar un acuerdo con el gobierno de Camboya, se declara autoridad transitoria del pais para tratar de poner orden y preparar elecciones democraticas (1993)

1997: Hun Sen, ex-jemer rojo y primer ministro electo, efectua un auto-golpe de estado que convierte a Camboya en una democracia de partido unico. Hun Sen todavia es el primer ministro del pais.

1998: Muere Pol Pot en la aldea en la que permanecia escondido. Se achaca su muerte a una malaria cerebral, pero muchos dan por supuesto que fue envenenado por sus camaradas para allanar el camino a un acuerdo de paz y dificultar la busqueda de responsabilidades.

2006: Ta Mok, heredero politico de Pol Poy y lider de la seccion de los jemeres rojos que no acepto la aministia ofrecida en 1998, muere en prision.

2007: Entre la indiferencia nacional, se abre el juicio contra 5 dirigentes de los jemeres rojos, entre ellos el famoso carcelero Duch. Miles de militantes, torturadores, violadores y asesinos trabajan en granjas de todo el pais sin temer juicio alguno, amparados por el gobierno de Hun Sen.