lunes, junio 22, 2009

183.-Mongolia (un todo)

Heme aqui ante la cotidiana dificultad de describir lo indescriptible. Como voy a afrontar la tarea de explicar lo que he vivido en los ultimos doce dias? Y no, no es porque mi viaje al desierto del Gobi haya sido una experiencia trascendental: ha sido maravilloso, casi genial, pero no llega a tanto. Es otro el problema al que me enfrento y en parte se debe a la magnificencia de Mongolia. Intentare ser claro, aunque no lo aseguro.
El dia 9 de junio escribi en este blog algo asi como "manyana me marcho al sur con tres franceses a los que apenas conozco". Bien, es un punto de partida. Ya conozco a los franceses. Uno de ellos se llama Vincent y habla por los codos, gesticula, es gracioso cuando se emborracha, cocina, rie, juega a las cartas, da los buenos dias con una sonrisa y un bailoteo capaces de alegrar la manyana mas perra. Gael es mucho mas serio, reservado, come como si subiera a bordo despues de un naufragio, lee un ejemplar de Le Monde que tiene dos semanas, no sabe jugar a los dados, es tan educado que a veces tuve miedo de parecer un bruto en su presencia. Antoine es el tercero; alto, ojos azules, comercial desenganyado hoy busca su lugar en el mundo, le gusta el hip hop, su sentido del humor se parece al mio, nos reimos viendo salir la luna, nos buscamos en las conversaciones porque los dos sabemos que el otro comprende lo que uno esta tratando de explicar.
Bien, es un inicio. Estos son los tres franceses con los que el 10 de junio salimos de Ulaan Baatar. Cada uno ocupaba su sitio en la furgoneta de Tumey, el conductor mongol al que habiamos contratado para recorrer el desierto del Gobi de la mejor manera posible, sin animo de aventureros, sin ganas de tropezarnos en cada esquina con un grupo de turistas.
Y ahi que nos vamos. Y aqui que comienza el problema con el que he dado inicio a esta entrada. Como debo describir mis sentimientos? Como codificar en palabras unos paisajes tan enormes, tan absolutos y puros? La unica solucion que se me ocurre tras consultar mi librillo es dar rienda suelta a los impulsos de mis dedos. Asi que ya va siendo hora de hablar de la estepa que rodea Ulaan Baatar y de sus horizontes infinitos que se rompen cuando aparece una montanya de vez en cuando, si, y de los caballos que pacen por doquier, en su esbelta postura reafirmada por crines sedosas que bailan con el viento, los caballos corriendo en manadas de cientos por la estepa interminable, un ger, dos gers, la aparicion subita de la vida en un medio que parece inhabitado, la blancura resplandeciente de las casas portatiles en las que duermen, beben y cocinan los nomadas mongoles.
Tratare de describir como es un ger, no prometo resultados:
planta circular, pared trenzada con listones de madera, la tierra cubierta con un pedazo de plastico y varias alfombras, una cupula de estrellas que se cuela por el agujero de madera que sustentan dos vigas pintadas de vivos colores, tela de colores corriendo por las paredes, el tejido blanco y aislante envolviendo la estructura, desde su base hasta el agujero por donde huye el tubo de la chimenea. Y entre las trenzas de madera y el agujero, 67 barras decoradas que sustentan el hogar. Ya adverti que seria dificil...
Ya tenemos al ger y a los franceses, volvamos al paisaje. El interior de la furgoneta es un bun lugar para situar la camara: en primer plano estan mis piernas, cruzadas contra la ventanilla, y mas alla un desierto hecho de hierba, neblina y caballos: es la estepa, pues apenas nos alejamos de la capital. En un par de dias entraremos en los dominios del desierto del Gobi, que merece capitulo aparte.
Es un desierto de matorrales amarillos y tierra seca, hace calor, hay camellos vagabundeando, silencio, viento que levanta columnas de arena, noches estrelladas que hacen enmudecer. Pero no hay dunas de arena, o no las hay apenas, y toda la mitologia que el nombre de Gobi ha acumulado en el imaginario occidental se desvanece al mismo ritmo que lo hace esta frase. El Gobi es como todos los desiertos del mundo: un lugar seco, sin horizontes, abrumador, terrible y bello a la vez.
Y por el da brincos una furgoneta de fabricacion rusa que se empenya en alcanzar el sur, otro destino imaginario que no existe mas que en la mente de los cinco europeos que escuchan y miran, que escuchan discos de la Jefferson Airplane y miran salir el sol, que escuchan los tonos dobles de las gargantas de Yat-Kha y que miran como se acerca el ger que esta noche les ha de servir de refugio.
Pues durante las once noches de este viaje al sur dormimos en gers (yurts en su forma rusa) plantados en medio de la nada, sin electricidad, sin agua corriente, con un agujero oscuro como unico destino de nuestras inmundicias. Se puede decir, y no esta muy lejos de la realidad, que jugamos a ser nomadas. Solo jugamos, porque vivir en semejantes condiciones es una condena que ninguno de nosotros esta dispuesto a aceptar. Por eso jugamos, bebemos vodka cada noche y tratamos de descifrar el ingles gutural de Toumey, y a eso de las dos de la manyana salimos del ger embozados en todos nuestros abrigos y buscamos la luna en el cielo, que caprichosa sale cuando quiere vestida de un ambar meloso. Y ahi esta el cielo, imposible introducir una estrella mas, el universo ante mis ojos con las galaxias casi al alcance de la mano, una estrella fugaz, un meteorito de fuego, grande y brillante, la vision mas impactante que hasta hoy me ha ofrecido el escenario celestial.
Pero hace frio. Volvemos al calor del hogar que se alimenta de la madera que ha cortado Vincent, un ultimo cigarrillo antes de ir a dormir, manyana seguiremos hacia el sur, camino de un monasterio abandonado que envejece en medio de un lago, camino tambien de la llanura de Bayanzag, donde yacen enterrados los esqueletos de cientos de dinosaurios, camino por ultimo de las dunas de arena de Khongoryn Els, el unico capricho que el desierto se permite con nuestra imaginacion.
Una pausa. Dos aguilas enormes hacen guardia sobre el esqueleto de un camello. Parece que va a llover pues el cielo se esta cubriendo desde esta manyana con unas nubes grises que vienen desde el este. En efecto, caen las primeras gotas. Pronto el paisaje se convierte en un barrizal del que emergen las figuras jorobadas de los camellos, ajenos a la tormenta, rumiando su silencio.
Y la furgoneta que no se detiene. Dos, tres, cuatro, cinco, seis dias. Confieso que antes de partir me atemorizaba la perspectiva de compartir intimidad y penurias durante tanto tiempo con tres desconocidos. Ahora debo confesar que el retiro me ha sentado genial. Ya no recordaba la sensacion de estar ausente, fuera del mundo, habitando los margenes. Y si, es cierto que hace tiempo que estoy de viaje, pero siempre hay cerca un ordenador con conexion a internet, un televisor, una radio, un diario, alguien que hable ingles. Pero esta vez no. Ayer me entere del resultado de las elecciones de Iran y para conocer la ultima salvajada de ETA he tenido que rebuscar en la hemeroteca digital de los periodicos. Que ocurria en el mundo mientras yo daba de beber a los caballos? Quien perdia la vida, que rumbo seguia la economia mundial, quien se preocupaba por mi. No importaba, nada de eso tenia valor, cero, entonces estaba encerrado en un diamante como un dia lo estuvo Pablo Neruda en Ceylan y mirar a mi alrededor era el unico vinculo que me quedaba con el mundo exterior.
En estas condiciones llegamos al sur. No marcamos ningun hito, pues en el fondo no haciamos mas que repetir una ruta trazada en una pension de Ulaan Baatar, la misma ruta que tantos otros repitieron alguna vez y que tantos otros repetiran. La celebracion tuvo de algo rutina familiar. Incluso la luna salio a la hora prevista para dejarnos de nuevo con la boca abierta, el vaso de plastico congelandose entre los dedos, el desayuno apunto de llegar. No consegui dormir en condiciones ninguna de las once noches, siempre hubo algo mejor que hacer.
Como volver al norte hipotetico, por ejemplo. Hacer la mochila, guardar los pantalones del pijama y cepillarme los dientes con agua mineral. Reincorporarme al camino que a estas alturas de post ya se ha introducido de nuevo en mi, remontar montanyas, atravesar una tormenta de arena (una mancha indefinida que avanza varios kilometros en apenas un par de minutos), un canyon congelado entre dos colinas y una ventisca de nieve, parar en casa de los amigos de Tumey para compartir un poco de yogurt natural, hacer una ofrenda en el ovoo (piedras que se amontonan alrededor de un tronco del que cuelgan jirones de tela azul; dicho en otras palabras, una ofrenda chamanica a los espiritus del lugar), frenar en cualquier ciudad para tomar la primera ducha en varios dias y renovar las provisiones en la tienda de la esquina.
Podia haber seguido asi durante semanas enteras. No teniamos plan de viaje y el conductor no hablaba ingles con lo que cada dia supuso un descubrimiento. Quizas el mayor de ellos fue alcanzar el valle de Orkhoy, parque nacional desde el que 800 anyos atras Gengis Khan se lanzo a la conquista del mundo. Desde entonces, e incluso desde antes, permanecen plantados en esta maravilla natural el punyado de gers que se empenya en combatir los temporales. Y junto a ells cientos de yaks, estupidos en su apariecia bobina, peleando el pasto con las ovejas, las cabras y los caballos, unicos senyores de esta tierra de verde palido que una vez mas soy incapaz de describir (lo he intentado tantas veces, ha sido una perdida de tiempo querer poner coto a la libertad que emana de esta tierra nomada) Alli, en aquel valle del tiempo perdido, cabalgue por primera vez. Se que no es nada extraordinario, nada sublime, pero joder, todavia me emociono al recordarlo. Primero fue aprender de que manera tenia que azuzar a mi cabello y aprenderlo solo, sin guias ni pamplinas, yendo al paso por las praderas con Sandra a mi lado, probando con los talones, gritando un CHUUU que copie de los pastores, pero nada, y luego vino el trote, que me trajo una sonrisa y ya enseguida, cuando Sandra, que tiene estilo y se maneja bien sobre el caballo, espolea al caballo con sus talones, entonces yo descubro que a mi animal le basta un roce de la cuerda en la cadera para acelerar el paso, uno, dos azotes, el trote veloz y por fin, en un suspenso sobre la tierra, llega el galope, un estremecimiento, la velocidad y el tiempo interminable entre el salto y el aterrizaje, la carrera entre mi caballo y la inmensidad, el jinete enloquecido que grita CHUUUU hasta alcanzar un monolito de mil anyos de antiguedad, el trote de nuevo, el dolor en mis costillas, la risa incontenible y asi hasta el final de este texto que intuyo largo y aburrido. Se que no deberia escribir textos tan largos para colgar en la red y se que para hacer felices a Vargas Llosa y a Saramago debiera cuidar mas la calidad de mis escritos. Pero a fin de cuentas, este es mi blog. Y mientras escribo estas ultimas palabras siento crecer en mi la felicidad conocida que me proporciona actualizar esta ventana. De nuevo la dificultad cotidiana de describir, de nuevo el fracaso ante el reto y de nuevo la felicidad por haberlo intentado. Escribir, viajar y vivir no son mas que variaciones del mismo proceso.

P.D: En dos semanas estoy en casa. Suena raro. Manyana subo a un tren que en cinco dias cruzara el continente asiatico, tan veloz como estupido, camino de Moscu. Cierro el blog y me voy a comprar comida para el viaje. Pepinillos en vinagre, embutido, pan, ternera en conserva, zumo, vodka, tabaco, dos latas de atun y unos pastelillos para desayunar. No necesito nada mas.

P.D. 2: Igual que pude seguir durante semanas recorriendo Mongolia, tambien podria hoy seguir escribiendo mis recuerdos. Me resisto a abandonar... Me asusta pensar que el tiempo podara mi memoria... Y sin embargo es inutil tratar de plantar batalla. La misma derrota de siempre...

martes, junio 09, 2009

182.- Dos fracasos y una pequenya victoria del viajero cansado

Primero intente hacerlo por mi cuenta. Me dije: Como va a ser eso de que yo, sin hablar el idioma de este pais ni conocer su idiosincrasia, no sea capaz de viajar por mi cuenta. Por lo general la chuleria viajera del ignorante me ha funcionado bastante bien y de una u otra manera siempre he encontrado mi propio camino en paises ajenos. Asi que me repeti: tu te coges la mochila, sales de esta ciudad insufrible y para el campo que falta gente.
Chulo e ignorante llegue a Ondorkhaan, una aldea terrible que segun el mapa era capital de provincia. Que desolacion la de aquel lugar, la fabrica abandonada, los gers azotados por el viento de una estepa que envolvia la vista en todas las direcciones. Hay en Ondorkhaan un edifcio de cinco plantas que sobresale siniestro sobre la horizontalidad general. Que siniestro aquel monstruo quemado, con las ventanas abiertas a su propia oscuridad. Como de costumbre en Mongolia, la mayoria de los hombres estaban borrachos; y como adiestrados en una idea comun, el resto de habitantes de la ciudad nos regalaba su indiferencia. El viento, que frio tenia y que estornudos, donde esta la oficina de correos, porque el viajero arrogante ha leido en alguna parte que la furgoneta de correos comunica con las aldeas de los nomadas buryat. Pues no. Eran las siete de la manyana, tiritaba porque el frio se me habia metido en los huesos y la furgoneta no aparecia. Luego paso un autobus al que subieron todos los aldeanos menos un servidor y su novia, que se quedaron sentados en un banco bebiendo un vaso de leche. Nos vamos? Sera mejor...
Asi que la primera vez intente hacerlo por mi cuenta y asi fue como descubri que en Mongolia apenas hay carreteras, que en la estepa no eres nadie, vales menos que uno de esos preciosos caballos que galopan en manadas sobre el horizonte infinito.
Por eso volvimos a Ulaan Baatar, desesperante, desesperante, colgados en la capital del cieno con la firme idea de tirar la casa por la ventana y contratar un jeep con su correspondiente conductor para visitar la misma zona del pais en la que no habiamos conseguido penetrar, que para mayor incordio y atraccion, es la menos visitada del pais. Y asi fue como descubrimos que ni tirando la casa por la ventana podriamos pagar lo que nos pedian, triste descubrimiento que me hizo sentir muy viejo, cansado de tanto trotar. Me estoy haciendo viejo?, me pregunte acodado en un bar. Siempre me ocurre en las ultimas semanas de un gran viaje: se me viene todo encima.
Asi que la segunda vez, aquella en que busque un intermediario entre el camino y mis pies, tambien fracase. Quizas en otras circunstancias hubiera sido mas perseverante. Pero esta vez no. Me he rendido tras casi una semana esquivando borrachos en Ulaan Baatar.
Manyana me voy con tres franceses a los que casi no conozco con un jeep arrendado hacia el desierto del Gobi. 12 dias perdido en el sur. Debiera ser una aventura y sin embargo me siento un poco frustrado... Aunque joder, no tengo porque. Al final nos sale muy economico y seguro que sera genial. Pero ha sido a la tercera y ha sido mucho mas light, fracase en mis dos intentos anteriores. De hoy en adelante sonyare con todo aquello que no alcance: Batsheerit, Dadal, el Nadam local, los cien caballos de largas crines galopando hacia ningun lugar perceptible en la estepa de Mongolia central.

P.D: Quizas sea demasiado duro conmigo mismo. Prometo disfrutar las dos proximas semanas. Y al regreso os cuento.

viernes, junio 05, 2009

181.- Ulaan Baatar

Ya puedo decir que huele a ajo, que apesta mas que huele y que sospecho que es el ninyo del ordenador contiguo el que despide el mal olor. Es un novicio budista, quizas tenga 10 anyos, con la cabeza afeitada y una punteria envidiable para los jueguecitos de pistolas en el ordenador. Ha venido al locutorio con otros dos ninyos, los tres vestidos con las ropas del color del azafran que visten los monjes en Mongolia. Es media tarde y todavia hace calor, aunque comienza a nublarse el fin de semana. Vocifera los destinos de un taxi colectivo la mujer del conductor, amortiguada su voz por los disparos y las risas de estos tres monjes en miniatura que huelen a ajo en la tarde de Ulaan Baatar...

Como echaba de menos esto... He pasado un mes en China sin poder actualizar el blog porque al gobierno comunista le asusta la libertad de opinion. Un "celo excesivo" diria aquel periodista escrupuloso, una censura insoportable digo yo. Y no es que me apetezca comenzar a despotricar del dinosaurio retrogrado que es el PCC; no, no es eso. Lo que pasa es que China es un pais fascinante, un torbellino que durante dias enteros me ha tenido en una nube de la que he querido salir para explicar mil cosas. Imaginaos que deleite el poner pie en el universo chino, todo tan distinto, todo tan indescifrable, complejo, cautivador... y la maldita pantalla de pagina prohibida, yo sentado en un cyber-cafe de tres plantas con mas de 500 ordenadores, con mas de 500 chinos de piel blanquecina, todos fumando en la penumbra, otro universo cerrado en el que a nadie mas que a mi parecia importar la existencia de la maldita policia cibernetica. La imposibilidad de acercarme a esta ventana y gritar todo lo que estaba viendo fue el unico dolor durante mi estancia en China. Y sin embargo, que inmenso dolor...

Asi que ahora que estoy en Mongolia tengo mucho que contar... He pensado por un segundo como continuar y lo primero que se me ha ocurrido es que cientos de millones de personas han quedado al otro lado de la frontera condenadas al mismo silencio que yo he sufrido durante un mes. No podran escribir ni ver videos en youtube, porque el gobierno chino no es idiota y sabe que nadie lee el Washington Post, ni el New York Times ni mucho menos El Pais. El gobierno chino, que sabe tanto por viejo como por diablo, tambien sabe que el poder de un video vale tanto como todos los diarios del mundo en una sociedad monolingue como es la china. Vale ya, para el sufrido internauta chino vaya este recuerdo.

Y volvamos a la realidad. Porque hoy no tengo tiempo suficiente para volver con gracia a los dias pasados en China; igual que en las noches de Bangkok encontre refugio en el recuerdo de nuestro viaje por Myanmar, pronto me solazare con las imagenes que en las ultimas semanas he almacenado en mi memoria. Aviso: tengo un minimo de 6 textos por escribir. Iran llegando a mis manos cada vez que encuentre un ordenador, lo que parece facil aqui en Ulaan Baatar y muy dificil en el resto del pais. Ya veremos que pasa.

Son casi las 6. Nos espera el doctor Tsengel para llevarnos a cenar. Conoceremos a su esposa, comeremos cordero y brindaremos con vodka helado. A esta hora las calles del centro ya estan llenas de borrachos, que se confunden con los ninyos que viven en las alcantarillas de la ciudad y los nuevos ricos que salen a pasear su desverguenza. Ulan Batar es fea, desagradable, el viento levanta nubes de tierra porque todavia hay muchas calles sin asfaltar, los suburbios de gers rodean el centro de la ciudad, los suburbios donde no hay luz ni agua corriente ni nada que haga sospechar la presencia de una capital sino es la acumulacion de pobreza y falta de esperanza. No creo que pase mucho tiempo aqui. Al fin y al cabo soy un turista hipocrita que dice preocuparse por comprender, lo que solo significa que pronto abandonare el infierno y saldre hacia el campo en busca de belleza y algo de paz.

P.D: Llegar hasta Ulaan Baatar ha sido una pequenya aventura. Resulta que la etiqueta "Transmongoliano" se vende muy bien y como ya ha quedado dicho, el gobierno chino es un ente listillo y entrometido. Todos los billetes de la marca "Trans" se venden en el hotel Internacional (5 estrellas) y son caros. Nos pedian 130 euros por el trayecto de 24 horas entre Beijing y Ulaan Baatar. Evidentemente dijimos que no. La suerte nos coloco en un vagon lleno de mongoles que volvian a su pais. Hicimos noche en un burdel de la frontera y tras cruzar el desierto del Gobi entre tormentas de arena llegamos a la capital (total: 50 euros). En el tren vacio de extranjeros (todos preferian la marca "Trans") conoci al doctor Tsengel y a un borracho que sabia pronunciar las palabras "Te Quiero" en mas de diez idiomas. Escupia al hablar.