martes, enero 12, 2010

210.- Fantasmas de navidad

Ya debería haber comenzado el curso, pero faltan los alumnos latinoamericanos, que no es poca cosa, porque ellos son 15 y nosotros, los españoles, apenas 3. Así que se aplaza el inicio hasta el jueves y a mí me queda tiempo para actualizar el blog. No es mal trato. Dos son los motivos que explican el retraso de mis futuros compañeros: uno, los trámites del visado, un inconveniente previsto por la experiencia de años anteriores. Dos, y en menor medida, la quiebra de Air Comet, que ha dejado sin billete ni ahorros a cientos de viajeros a ambos lados del océano. ¿Han cometido fraude los directivos de la compañía aérea?, se pregunta ahora la justicia. Lamento ser pesimista, pero me temo que este crimen no encontrará a un culpable que lo dignifique. Y no lo digo porque la Audiencia Nacional rechace el caso, no, es más bien un estado de ánimo que ha ido calando en mí durante las últimas fiestas navideñas, la resignada aceptación de que las empresas multinacionales pueden eludir la justicia sin sufrir ninguna consecuencia.
Y eso que la cosa comenzó bien, porque a finales de diciembre un juez holandés se avino a juzgar a la petrolera Shell por sus desmanes ecológicos en el delta del Níger. Es un primer paso en la batalla de miles de campesinos contra una compañía a la que acusan de contaminar compulsivamente sus tierras y sus ríos. Portavoces de Shell dijeron sentirse "decepcionados" ante la decisión del juez, decepción que supongo sincera después de los esfuerzos que han realizado sus abogados por bloquear el caso en las cortes nigerianas. Bien, pensé, a ver en qué acaba todo esto. Sin embargo, el último párrafo de la noticia me regresó a la triste realidad. En junio de 2009 la compañía petrolera ya se vio contra las cuerdas cuando un juez de Nueva York aceptó otra demanda que no había prosperado en Nigeria. En esta ocasión, Shell estaba acusada del asesinato del poeta y ecologista Ken Saro Wiwa, que en 1995 fue ejecutado junto a 8 líderes tribales por las autoridades militares nigerianas. Se les acusó de sabotaje contra las instalaciones de la petrolera anglo-holandesa, a quien ahora un juez de Nueva York se moría de ganas de condenar por connivencia en el asesinato. Pero sólo un día antes del juicio, los abogados del diablo encontraron la puerta de salida y fueron capaces de llegar a un acuerdo con el fiscal: 11 millones de euros. Y una nota de prensa en la que seguían negando su implicación en el asesinato. Así que esta vez ocurrirá lo mismo, me dije, falta ver cuál es el precio pactado para seguir degradando suelo nigeriano. Ningún juez tiene poder suficiente para detener a una multinacional.
Pronto llegó otra noticia como terrible confirmación de mis temores. El Banco Mundial (?) acusaba públicamente a Shell de haber abandonado a su suerte a cientos de campesinos en Sri Lanka. Resulta que a través de microcréditos financiados por el BM muchas familias se acogieron a un programa que pretendía dotar a los hogares con paneles de energía solar que permitiesen no sólo garantizar el consumo eléctrico familiar sino la venta del excedente. O al menos ése era el programa. Nadie contó al idearlo con que los paneles distribuidos por Shell iban a estropearse en cadena debido a su pésima calidad y que para cuando esto ocurriera la empresa con la que Shell había subcontratado la distribución de paneles ya habría desaparecido con lo que nadie se iba a hacer cargo de la garantía que hoy deben estar masticando los dueños de los 700 paneles defectuosos. No hay nada que hacer, podría decírsele a estos hombres, así son los resquicios del sistema. Y uno de ellos, flaco y tostado, le diría a su padre ¿Y ahora a quién matamos?, como si acaso fuera uno de los protagonistas de "Las uvas de la ira" (John Steinbeck/John Ford) repitiendo aquel famoso diálogo:

-Me mandaron a deciros que estáis desahuciados.

-Quiere decir que me echa de mi tierra.

-No hay porque enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.

-Pues entonces ¿quién la tiene?.

-Ya sabes que la dueña de la tierra es la compañía Sonvilland.

-¿Y quién es la compañía Sonvilland?

-No es nadie es una compañía.

-Pero tiene un presidente.Tendrán alguien que sepa para que sirve un rifle, ¿Verdad?.

-Pero hijo ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer.

-Muy bien, ¿dónde está el banco?.

-En Tulsa, pero no vas a resolver nada allí, sólo está el apoderado. Y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.

-Entonces ¿ A quién matamos?

¿Y entonces? ¿Dónde está el culpable? ¿Dónde están los directivos de Goldcorp que llevan años contaminando el valle de Siria en Honduras y de paso arruinando la vida de sus habitantes? La noticia aparecía en el último periódico del año, buena coda para reflexionar. Porque primero fue en Nigeria y luego en Sri Lanka y ahora en Honduras y también en tantos otros países subdesarrollados que aparecen en los telediarios por su inestabilidad política, golpes de estado, guerras, terrorismo, una volcánica situación social que secretamente achacamos a su natural barbarie, pero que más bien está íntimamente ligada a nuestro espíritu vampírico de naciones del primer mundo. ¿Cuál es la relación entre los abusos reiterados de las grandes compañías con la existencia de gobiernos débiles-tiranos? ¿Por qué ahora el gobierno de Honduras o el de Perú o el de Bolivia dice ante los micrófonos que investigará un crimen ambiental que lleva años si no décadas cometiéndose? Ahora Goldcorp cierra la mina de San Martín porque después de 10 años ya no ofrece beneficios. Hasta el anuncio del cierre los habitantes de la zona han tragado encogidos de hombros los metales tóxicos dispersos en el aire y en el agua. ¿Y pues? Si por lo menos tenemos trabajo... en una cantinela que repiten los hombres de casi todo el hemisferio sur, como en La Oroya, en los Andes peruanos, la quinta ciudad más contaminada del mundo, donde el 97% de sus 12.000 niños sufre deficiencias físicas o mentales relacionadas con la contaminación del aire, entre ellas malformaciones y ceguera. La minera norteamericana DoeRun les cargó los pulmones con plomo y los bolsillos con moneditas de níquel y un campo de fútbol para la comunidad. Y así crimen tras crimen. Pero no, el gran enemigo de la humanidad es el terrorismo, Al-Qaeda, Bin Laden, Afganistán, allí residen los temores estúpidos de una sociedad que sobrevive a lomos del verdadero fantasma del siglo XXI. ¿Quién pone el límite a las transnacionales? Nadie. Y basta ya de mitos socialistas y de salvapatrias de caricatura. Acabemos este texto con el caso de los indios mosetén en Bolivia, asediados en la selva por la petrolera Geokinetics, contratada para la exploración petrolera en la zona por la estatal boliviano-venezolana Petroandina. Ya no se trata sólo de la contaminación que están causando en los principales cursos de agua ni de la degradación irreparable en el medio ambiente, es ya una cuestión de honor. Con una inversión planificada de 82 millones de dólares, los acuerdos de "apoyo social" con las comunidades no llegan a los 200.000 dólares (0,24%) Pero tampoco este nimio porcentaje es lo peor, lo peor es que de todos los puestos de trabajo pactados, de todas las obras acordadas (en las que las comunidades indígenas deben proveer la materia prima) y del equipamiento que se está esperando en las comunidades, de todo eso sólo una pequeña parte se ha cumplido. Y ahora vaya usted y pregunte de qué sirve nacionalizar los hidrocarburos y llenarse la boca de dignidad. Es la perversa lógica capitalista en la era de la globalización. El saqueo y el crimen ambiental en un país pobre cuesta un puñado de dólares. Y además es un negocio seguro para el gobierno de turno y para el inversor extranjero, porque la justicia internacional no tiene herramientas para perseguir a unos ni a otros. Son fantasmas que no saben manejar un rifle y a los que es imposible matar ni en Sonvilland ni en Tulsa ni en Nueva York. Porque no están en ningún sitio. O porque están en todos lados, vaya usted a saber.

P.D: A pesar de la acritud del post, de la lluvia y del frío, el año ha comenzado bastante bien en lo personal. Ya tengo trabajo, equipo de fútbol, nuevos compañeros de piso, nórdico, director de tesis y mantengo todo lo bueno del 2009. Me siento con fuerzas para seguir caminando.

3 comentarios:

Pablo dijo...

Coño, me ha encantado.

Botitas dijo...

Y a mi ... me alegro enormemente de que muchas cosas empiecen a coger color en tu vida. Leí tu comentario, gracias por estar ahí, he andado un poco disperso últimamente con un par de cosas que me traen de cabeza y en cuanto pueda te escribo unas coplas. Dale duro a esta maravilla de blog, no me canso de recomendarlo, al mio igual le coincide resucitar en unas semanas ... salgo en unos días para México y Guatemala (es una de las cosas que me traen de cabeza) y el run run del estómago esta vez va más con la salud de mi madre que con el viaje ... de todos modos, como ella dice: "si me tengo que morir allí ... primero tendré que ir, ¿no?" ... no hay nada más que añadir, jejeje. Ya te contaré. Abrazote para Sandra. Se os quiere.

Anónimo dijo...

Good article. Thank you.
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