En la Biblioteca Nacional de Lisboa. Llueve con intensidad atlántica. Desde mi primer café de la mañana hasta la puerta de la biblioteca, en un breve recorrido de escasos 100 metros, he recibido una ducha de agua fría y ahora tengo los pantalones mojados. Me siento un poco como aquel personaje de David Lodge perdido en las arterias del Museo Británico. Con la gran diferencia de que Karl Marx nunca trabajo en esta mesa, al menos que yo sepa. Fuera sigue lloviendo con energía. Me siento terriblemente a gusto en esta sala presidida por un enorme tapiz en el que un monarca portugués controla la producción bibliográfica de su corte. Todos los personajes de este tapiz parecen tener el mismo rostro, las mismas facciones cortadas a cuchillo, la misma vulgaridad en la mirada de un paje y en los ojos del rey. Ya estoy acostumbrado a la presencia reconfortante de este numeroso séquito, por lo que hoy no los observo con especial atención. De hecho, nadie los observa. No hay más de 20 personas en la sala y todos se mantienen cabizbajos, atrapados en redes que desconozco, indiferentes tanto a la escena cortesana del tapiz como a la mirada vagabunda de ese joven, ya no tan joven, con los pantalones mojados. Quizás sea el momento de bajar la vista y regresar a mi lectura. Hoy he rescatado de las entrañas de esta biblioteca una publicación fundamental en la construcción identitaria del estado de Ceará y, por extensión, de todo el Brasil. El Barão de Studart, que dedica el ejemplar con mano temblorosa y tinta negra, escribió un breve artículo sobre Martim Soares Moreno, primer capitán del entonces llamado Seará, y completó la obra, especialmente ideada para conmemorar el tercer centenario de Ceará, adjuntando una serie de documentos que hoy me resultan de especial interés. Todo ello ocurrió 1903 y más de un siglo después, con la lluvia golpeando los cristales, me dispongo a bucear en esta publicación.
Sin embargo, mi atención se ve fatalmente distraida. Y no es la lluvia, ni el tapiz, ni los 20 cuerpos cabizbajos. Resulta que la Biblioteca Nacional, como tantas otras bibliotecas e instituciones, decidió en su momento encuadernar los libritas y otras obras ligeras en unos tomos gruesos marcados en el lomo con la palabra "Miscelanea". Desconozco el crieterio que siguieron entonces para agrupar los volúmenes, aunque sospecho que el tamaño de las obras fue el factor decisivo en su azarosa conjunción. Porque sólo el azar puede explicar que tan diversos mundos acaben aprisionados por el mismo cuero, durmiendo juntos en los estantes invisibles de las entrañas de esta biblioteca.
Las andanzas de Martim Soares Moreno abren el volumen en cuestión. Entre el artículo y los documentos cubren unas 115 páginas de color amarillento y tacto rugoso. A continuación se abre paso una carta escrita en francés por el Marqués de Sá Bandeira y dirigida al Conde Goblet d'Alviella. Por lo que el índice indica, su contenido relata los acontecimientos ocurridos en Portugal entre 1836 y 1839, acontecimientos que me son tan ajenos como las lecturas de mis compañeros de sala. Quién sabe, quizás alguno de ellos ande inmerso en la creación de una biografía sobre el Conde o sobre el Marqués, recreando en esta Lisboa lluviosa el lluvioso Bouville de aquel otro biógrafo angustiado.
La carta ocupa 97 páginas antes de dar paso a una "Relación de los festejos que hubo en la feliz aclamación del muy alto, muy poderoso y fidelísimo Señor Dom João VI, Rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y los Algarves". Está publicada en Río de Janeiro, en el año 1818 y recoge con sumo detalle los versos, la iluminación, la arquitectura efímera hecha de flores y demás lindezas que el pueblo carioca dedicó al nuevo monarca. Así, por ejemplo, el comerciante Manuel Guedes Pinto iluminó la fachada de su casa y el cirujano mayor de los ejércitos, Theodoro Ferreira de Aguiar, decoró la puerta de su residencia con un gran panel en el que aparecía una lira y esta leyenda: Gratitud y reconocimiento. Durante 52 páginas se suceden los detalles y las odas, transportando al lector a una ciudad en fiesta al otro lado del océano.
El siguiente documento es bastante más gris. Se titula "Examen y juicio crítico sobre el artículo titulado 'Anti-Sebastianismo', anunciado en la Gaceta de Lisboa el 28 de septiembre del presnte año", es decir, 1809. Supongo que en su momento se trató de una encendida polémica intelectual, pero hoy sus páginas vuelan entre mis manos sin conseguir captar mi distraida atención. Aparecen y desaparecen ante mi vista los argumentos del enojado autor, cuya argumentación vuelve a ver la luz artifical de esta biblioteca durante el tiempo que tardo en alcanzar el siguiente título de esta desconcertante Miscelánea.
Se trata de un opúsculo titulado "La Campaña de Portugal 1810-1811", publicado en Londres en 1811 y traducida del francés al portugués en ese mismo año. Sin demasiado esfuerzo podría entregarma a su lectura, pero entonces estaría olvidando a Martim Soares Moreno, que desde las primeras páginas de este libro acartonada reclama mi atención. Me disculpo ante él y repaso por encima los títulos que restan antes de regresar al metódico trabajo del investigador. Así que nunca sabré quién asistió a la sesión solemne del Ateneo Comercial de Lisboa celebrada el penúltimo día de 1906 para inaugurar el retrato del Excelentísimo Señor Conde de Burnay. Y tampoco descubriré detalles en los mapas bíblicos que la Livraria Evangelica, con sede en la Rua das Janellas Verdes número 32, compiló en 1912. Ni asistiré en diferido histórico a la conferencia sobre la Gran Guerra que en septiembre de 1914 dio David Lloyd George, Chancellor of the Exchequer, en el Queen's Hall de Londres. Tampoco Pedro Affonso de Barros llamará mi atención desde la cubierta roja de su obra "Pela Guiné" y tendré que retener mis impulsos para no bucear en la serie de documentos ingleses y alemanes que cierran el volumen apiñando datos y opiniones sobre aquella Primera Guerra Mundial en la que unos y otros andaban metidos hasta el cuello. "How the English take the War" se pregunta William Hard en una reimpresión de su artículo publicado en el Metropolitan de Nueva York. Pregunta a la que nunca daré respuesta, un interrogante más hecho de lluvia y de silencio, de tapices, de decoración floral, de la arena del desierto de Tierra Santa, un silencio hecho con los silencios de un conde y un marqués, con el silencio de emana de 20 cuerpos cabizbajos que ahora ya son 40 ó 50, cada uno entregado a su pedazo de misterio. Y fuera sigue lloviendo con intensidad atlántica. El agua está limpiando las calles de Lisboa y posiblemente en algún viejo escritorio alguien anda elaborando una obra ligera que en el futuro acabará ligada a la azarosa cadena de éste u otro volumen de la colección de Miscelánea de la Biblioteca Nacional. Y entonces habrá otro joven, ya no tan joven, atrapando la vida y dejando volar su imaginación, sintiendo la lluvia de Lisboa en sus rodillas a través del tejido del pantalón.
miércoles, noviembre 02, 2011
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